Ciudad sin límites

Varios lectores hicieron comentarios sobre la densificación de la ciudad. Mencionan que se ha usado para justificar y maximizar el negocio inmobiliario, lo que es verdad. Sólo que el problema no es ése, porque también se han hecho negocios con los conjuntos ...

Varios lectores hicieron comentarios sobre la densificación de la ciudad. Mencionan que se ha usado para justificar y maximizar el negocio inmobiliario, lo que es verdad. Sólo que el problema no es ése, porque también se han hecho negocios con los conjuntos habitacionales que están dispersos en la zona metropolitana. El problema es que se autoricen, sin respetar los planes de desarrollo urbano. En este sentido hay muchas contradicciones, pero la peor es que se concentre o que se disperse sin restricciones y sin que los ciudadanos puedan evitarlo.

Densificar una ciudad tiene muchas ventajas, entre ellas la de permitir que millones de personas vivan, trabajen, se comuniquen y realicen todo tipos de actividades en poco espacio y con suficientes áreas verdes. Se ha estudiado que la dispersión no tiene ninguna de esas ventajas y que, además, invade zonas de valor ambiental, o agrícolas; requiere mayores inversiones y segrega socialmente a la población. En algunas ciudades se creció hasta llegar al límite de cuatro pisos en los edificios y se construyeron sistemas de transporte público, como el Metro y los trenes eléctricos, que facilitan la comunicación, permiten la mezcla de usos, y son compactas y eficientes en su mantenimiento. Después, con la invención de los elevadores, esas ciudades crecieron verticalmente y se han densificado más.

Ahora se reclama que estemos sobrepoblados; aunque en realidad la ciudad central ha perdido población y se ha extendido hasta abarcar municipios que ahora son verdaderas ciudades, que constituyen un conglomerado que tiene graves problemas de abasto, de comunicación y de servicios; que no sólo son del DF, sino de los 21 millones de personas que vivimos en el Valle de México. Esta transformación se realizó rompiendo cualquier límite sensato. El principal problema es que en 60 años la población aumentó de 3.5 a 20 millones, y la ciudad se extendió de manera que parece no tener límites. Sin embargo, sí los hay y romperlos tiene graves consecuencias: se extrae tal cantidad de agua del subsuelo, que se han provocado hundimientos que tienen ahora al centro de la ciudad con un nivel más bajo que el antiguo lago de Texcoco; no se tiene un sistema de transporte público que permita que 80% de la población tenga una forma eficiente y rápida de desplazarse y se ha privilegiado tanto el uso del transporte individual que basta un choque, un árbol caído, una marcha que bloquea una avenida, o una lluvia intensa, para que grandes áreas de la ciudad se paralicen.

Lo dramático es que todo eso no ha sido —como habitualmente se dice— por falta de planeación, sino porque esa planeación no se aplica, y no se han realizado las obras de infraestructura y transporte necesarias. Se requiere que la enorme cantidad de agua que anualmente se desperdicia se aproveche, mejorando el sistema de distribución y tratando las aguas negras; se necesita que el Metro llegue al Estado de México y que se interconecte con el tren suburbano y con autobuses, para consolidar un sistema de transporte metropolitano. Se necesita aprovechar mejor la infraestructura y los servicios en zonas donde la población ha disminuido, construyendo verticalmente, y también es urgente evitar que se sigan autorizando torres de vivienda sin que se tenga agua, electricidad, calles y estacionamientos que permitan su funcionamiento adecuado; pero lo urgente es que se respete a millones de ciudadanos y que no se siga favoreciendo a pocos.

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