La ciudad hiperdensificada
Recientemente se ha insistido en que la densificación de la ciudad tiene muchas ventajas, porque permite que se puedan aprovechar mejor sus redes de infraestructura, vialidades, el transporte y los servicios públicos. Esas ventajas producen ahorros en su gestión y ...
Recientemente se ha insistido en que la densificación de la ciudad tiene muchas ventajas, porque permite que se puedan aprovechar mejor sus redes de infraestructura, vialidades, el transporte y los servicios públicos. Esas ventajas producen ahorros en su gestión y mantenimiento, pues concentran en poco espacio muchas actividades y hacen posible un transporte masivo eficiente, lo que en definitiva la hace más atractiva para los que la habitan o visitan.
Es sorprendente que, a pesar de las ventajas que tiene una ciudad compacta, se promoviera durante más de 50 años la alternativa de urbanizar su periferia. Ése ha sido un modelo que se adoptó a nivel mundial. Con la evidencia de las graves consecuencias de la dispersión y fragmentación de muchas ciudades, ahora se hacen propuestas para hiperdensificarlas. La más radical es la de Vishaan Chakrabarti (A country of cities, New York, Metropolis Books, 2013) que, apoyado por gran cantidad de dibujos que exponen sus argumentos, presenta sus críticas y recomendaciones.
Lo primero que aclara Chakrabarti es que hay una enorme confusión sobre el concepto de densidad, y las connotaciones negativas que tiene. Menciona, no sin razón, que se considera a muchas ciudades asiáticas con densidades de 400 o más viviendas por hectárea como “exageradas”, implicando que sólo son “buenas” las de ciudades europeas. Propone que se hiperdensifiquen las ciudades norteamericanas, aprovechando la tecnología de la construcción y los elevadores, para realizar torres de vivienda. Su justificación se apoya con dibujos similares a los de Le Corbusier para la “unidad” habitacional de Marsella (1945-1951).
Su principal argumento para densificar las ciudades norteamericanas es el análisis sobre su conformación, ya que 61% de la población vive en casas aisladas; 26% en departamentos; 7% en casas móviles y 6% en casas adosadas. Esos datos muestran que ciudades como NY o Chicago son ejemplos aislados, y que la mayoría están suburbanizadas. Se entiende así su ataque a la baja densidad de habitantes en las ciudades, porque no pueden sostener económicamente el transporte masivo, como el Metro o autobuses articulados. Además, critica a los gobiernos que han privilegiado el uso del auto y han aplicado fuertes restricciones para desarrollar verticalmente edificios de oficinas, aunque se opone a concentrarlos en los centros de las ciudades, pues la mezcla de usos es la solución para hacer más atractiva cualquier ciudad. Para lograrlo lanza un “manifiesto” para que en Norteamérica se eliminen las normas que impiden que los desarrolladores inmobilarios construyan torres en todas las ciudades.
Es evidente que Chakrabarti propone aplicar una política urbana neoliberal, donde el papel de los gobiernos debe ser restringido, con el fin de “liberar” el uso del suelo para lograr un “país de ciudades”. Sería lamentable que en México se intenten aplicar las propuestas de Chakrabarti para Norteamérica, sin considerar las enormes diferencias entre nuestros países. Latinoamérica tiene ejemplos que superan esa hiperdensificación y que también son edificios de gran calidad arquitectónica, como el conjunto Pedregulho en Río de Janeiro (1947-1950), que tiene 337 departamentos en cuatra hectáreas (ha); el multifamiliar Miguel Alemán, en nuestra ciudad (1947-1949) que tiene 936, que ocupan 20% de 4 ha; y el edificio Copán, en Sao-Paulo (1953) que tiene 1,160, en sólo 1.5 ha.
