La ciudad: vivienda social
Aunque en México se tienen ejemplos de gran calidad en el diseño de la vivienda social, como los prototipos desarrollados en SAHOP y después en el Infonavit, paulatinamente se modificaron hasta convertirse en cajas cada vez más pequeñas que alojan familias a las que ...
Aunque en México se tienen ejemplos de gran calidad en el diseño de la vivienda social, como los prototipos desarrollados en SAHOP y después en el Infonavit, paulatinamente se modificaron hasta convertirse en cajas —cada vez más pequeñas— que alojan familias a las que sólo se les trató como números en reportes financieros.
En la década pasada, las políticas públicas de vivienda han tenido una visión homogénea y tipificada del usuario, que ha reducido y rigidizado los proyectos de vivienda económica, que están en conflicto con la variabilidad de las realidades de la familia, del barrio y de la ciudad. Importó más la cantidad que la calidad de las viviendas que se sembraron, donde los terrenos eran más baratos, sin importar su lejanía de la ciudad y de los centros de trabajo. Sin embargo, se calcula que 60% de las viviendas, en todas las ciudades de México, se ha realizado fuera de los programas oficiales, por medio de auto-construcción y, como esas familias no tienen ingresos suficientes, no han sido incluidas en ningún programa.
En paralelo, también se han construido o mejorado miles de viviendas que han sido realizadas con la participación social y el apoyo de grupos de arquitectos, ingenieros y técnicos que han diseñado los mecanismos y los modelos para hacerlas posibles; quienes —a veces— han tenido apoyo de organismos de gobierno. Los resultados en muchas ciudades del país son testimonio de que es posible diseñar, financiar, construir, o mejorar viviendas mediante un esfuerzo colectivo.
La consolidación de estos grupos se debe a múltiples razones, desde la organización social, el desarrollo de metodologías de trabajo y la estructuración de grupos de apoyo a la construcción. Esa participación ha incluido a muchas personas entre las que destacan: Magdalena Lacouture, Georgina Sandoval, Magdalena Forniza, Elena Solís, Enrique Ortíz, José María Gutiérrez, Gustavo Romero y Pedro León, entre otros, con la participación de alumnos de universidades como la UAM y la UNAM. Ellos han logrado que los participantes se constituyan como Organizaciones No Gubernamentales, crearon asociaciones como COPEVI, han conseguido micro-créditos, cuyos pagos son un ejemplo de responsabilidad y solidaridad, y han participado en la construcción, remodelación o mejoramiento de las viviendas.
En contraste con la homogeneidad de las urbanizaciones institucionales, estos grupos han comprendido que el barrio no es un tejido homogéneo, sino que debe ser funcionalmente integrado al resto de la ciudad; que no sólo está compuesta de grandes edificios y conjuntos, sino también de micro-transformaciones, que la densifican e integran y se convierten en barrios vivaces y dinámicos.
Han comprendido también que las familias son muy diversas y que sus procesos determinan el tipo de vivienda. Ese patrón de evolución familiar se transforma en el tiempo; desde la instalación: para asegurar la propiedad de la casa; la densificación: cuando la familia crece e incorpora nuevos espacios; hasta la consolidación y diversificación: cuando la casa se subdivide en vivienda multifamiliar.
Ante la necesidad de densificar nuestras ciudades —evitando su dispersión—, el ejemplo de la construcción social de viviendas es valioso porque es una alternativa para millones de familias de pocos recursos. Por eso y por su impacto social, debería recibir todo el apoyo y recursos que merece.
