La ciudad: vivienda
Uno de los ejemplos más reciente de la irracionalidad en el uso de la tierra han sido los programas de construcción de vivienda en el Valle de México que, desafortunadamente, se realizaron también en muchas ciudades. Desde el siglo pasado se realizaron conjuntos de ...
Uno de los ejemplos más reciente de la irracionalidad en el uso de la tierra han sido los programas de construcción de vivienda en el Valle de México que, desafortunadamente, se realizaron también en muchas ciudades.
Desde el siglo pasado se realizaron conjuntos de viviendas, en muchos países, con dos criterios diferentes. El primero distribuyó las viviendas en conjuntos horizontales. El segundo las concentró en edificios verticales de varios pisos. En México se realizaron conjuntos de gran calidad con esos criterios, que tienen efectos diferentes. La vivienda individualizada se apropia del suelo; dando independencia y privacidad a sus habitantes. Tiene el inconveniente de aumentar las circulaciones, por la extensión del terreno. La vivienda vertical tiene la ventaja de ser más compacta y tener menos circulaciones. Su desventaja es que implica compartir el piso, las paredes y el techo con otros vecinos.
Conjuntos como la Mascota (1913) el Ermita (1930), el multifamiliar Miguel Alemán (1948), o la Unidad Independencia en San Jerónimo (1960) son ejemplos valiosos de vivienda vertical, pero la facilidad para conseguir grandes terrenos en la periferia hizo que se privilegiara durante muchos años la construcción de conjuntos horizontales. El precio del suelo era más barato y comprarlo por hectáreas fue uno de los negocios más lucrativos para los constructores y las autoridades que “autorizaron” esos conjuntos. Además, la invasión de grandes terrenos para construir viviendas agravó el problema de la urbanización horizontal dispersa, extendiendo la ciudad sobre zonas productivas o de cultivo.
La situación ahora es muy complicada. Uno de los problemas más graves que enfrentan los gobiernos es dar servicios y transporte público a conjuntos de vivienda que están alejados de los lugares de trabajo de miles de habitantes que, ante esa situación, los han abandonado. El siguiente es apoyar la construcción de conjuntos que estén dentro de polígonos que cuenten con servicios y no sean lejanos para que no se siga dispersando la ciudad. Otro es que los organismos de vivienda también deben apoyar la construcción de viviendas para las familias más pobres cuya única alternativa ha sido la autoconstrucción.
El mayor problema para muchas ciudades son los conjuntos de vivienda que están abandonados o gravemente deteriorados, y esta situación los ha desvalorizado, a pesar de que fue enorme la inversión inicial. Por eso requieren acciones que permitan recuperar su valor y atractivo. La solución tiene que atender los aspectos financiero, social y de dotación de servicios urbanos, que sólo se podrá lograr con la participación activa de los organismos de vivienda y los municipios.
La construcción de nuevas viviendas enfrenta la necesidad de densificar las ciudades. Como es evidente que los terrenos deben estar más cerca, su precio es más caro; lo que obligará a abandonar el modelo de crecimiento horizontal.
Otra tarea pendiente es el apoyo a la producción social de la vivienda, que incluye su mejoramiento. Aunque se tienen experiencias exitosas, que han beneficiado a centenares de miles de familias, sólo parcialmente se ha logrado que las principales organizaciones de vivienda, federales o estatales, las apoyen directamente, con asesoría técnica y préstamos que, además, han tenido altos porcentajes de recuperación.
