La ciudad y la movilidad

Las propuestas se enfrentan a una infraestructura hecha para autos y camiones.

Es muy significativo que la movilidad se haya convertido en un tema tan popular en los principales foros internacionales. De hecho, es una moda de la que se apropia cualquier persona para quedar bien, porque es políticamente correcto declararse a favor de la movilidad, o de la sustentabilidad, aunque muchas veces no se sepa qué son. También es curioso que la movilidad apareciera como solución mágica, justo cuando están en crisis en las grandes metrópolis. Se necesitó que las congestiones, el desperdicio de recursos y la contaminación llegaran a límites intolerables, para que surgiera la posibilidad de resolverlos.

La crisis de movilidad en las ciudades está provocada por el privilegio que durante más de 50 años se ha dado al uso incontrolado del auto y los camiones. Algunas de las inversiones más grandes y más caras en la ciudad se han hecho para que circule todo tipo de vehículos y, si además éstos sólo transportan a una persona, se tiene la combinación fatal. El 20% circula en mucho espacio, en millones de autos, cuyo número aumenta cada día. El otro 80% se mueve en transporte público, que está fragmentado y es insuficiente.

No se previeron los límites de la movilidad y por muchos años el auto se vendió como símbolo del progreso de las familias y las ciudades, lo que se explica por el precio bajo del petróleo, las economías saludables y la machacona mercadotecnia que promovió las ventas. Afortunadamente, algunas ciudades –incluida la nuestra– invirtieron en sistemas de transporte masivo, que son un ejemplo de eficiencia y costos reducidos en millones de viajes. El problema es que durante decenas de años no se volvió a invertir en transporte público y la construcción de líneas o ampliaciones del Metro quedó paralizada, porque son obras que no se ven y eso las hace poco atractivas para cualquier gobernante. Además, la obsesión con los autos ha provocado que se excedan los límites de calles, avenidas, periféricos y segundos pisos, que quedan saturados cada vez más y por muchas horas.

De manera que todas las propuestas de movilidad se enfrentan ahora a una infraestructura que se construyó sólo para autos y camiones. Basta ver los peligros a los que diariamente se enfrentan los que manejan bicicletas o motos para comprender que lo hacen arriesgando su vida compitiendo por espacio para poder circular.

Se sabe que la única solución para mejorar la movilidad es diversificar los medios de transporte, promover que se camine y dejar de privilegiar el transporte individual, que es el medio más ineficiente y contaminante de transporte en cualquier ciudad moderna. Berlín, Londres, París o Nueva York son ejemplo de mayor eficiencia en la movilidad, porque han desalentado el uso del transporte individual, hasta el extremo de cobrar el ingreso en las zonas centrales y aumentar el costo en el pago de los estacionamientos.

En algunas ciudades se ha propuesto el autobús articulado, que permite mover a un gran número de personas con facilidad y economía. Sin embargo, esas ciudades requieren cierta densidad de habitantes para que los sistemas de transporte público sean rentables. El Metrobús en nuestra ciudad es la prueba de que se puede mejorar la movilidad de 80% de la población, concediendo un carril exclusivo a un transporte público más efectivo.

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