La ciudad: el aire
En raras ocasiones notamos que lo respiramos, sólo cuando hace falta o está contaminado.
Como los peces que viven dentro del agua sin notarlo, nosotros vivimos dentro del aire que respiramos y, salvo raras excepciones, tampoco lo notamos. El aire no tiene fronteras, excepto las que impone la atmósfera; y por eso sólo se le nota cuando hace falta, o cuando está contaminado.
Si ha tenido la oportunidad de aterrizar en el aeropuerto de la Ciudad de México, especialmente en la noche, recordará la inmensa extensión de su zona metropolitana, que tiene ya 21 millones de habitantes. Desde esa altura se pueden ver sus límites: al surponiente se ha conformado un arco delimitado por las sierras de las Cruces y del Ajusco; el otro perímetro, hacia el norponiente, es más irregular y ha tendido a densificarse y a ser más disperso hacia el nororiente, en el Estado de México. Si busca el centroide de esos límites, la sorpresa es que se localiza —precisamente— en el actual aeropuerto. Desde esa altura, durante el día, se puede ver también la claridad del aire en todo el valle. Después de fuertes lluvias o vientos, esa región es más transparente. El resto del tiempo está contaminada por una capa, que es visible con diversos grados de densidad; ese es el aire que respiramos (aire.df.gob.mx).
En marzo inicia el incremento del ozono en la Ciudad de México, que es un compuesto tóxico que se forma en la atmósfera por los contaminantes que se emiten al aire
—durante las horas de sol— por los automóviles y la industria que producen el 70%. De manera que basta saber que hay millones de autos y camiones que circulan a diario en el Valle de México para darse cuenta de la magnitud del problema. Se ha demostrado que el ozono produce enfermedades respiratorias, y puede ser dañino para los niños y adultos mayores. En el aire los niveles de ozono alcanzan concentraciones de riesgo durante muchos días, entre las 13:00 y las 18:00 horas. Las zonas más afectadas son las del sur del Distrito Federal.
En cualquier periodo de vacaciones la diferencia en la calidad del aire es muy significativa, simplemente porque hay menos autos circulando. Se ha privilegiado tanto el uso del vehículo particular que no es una sorpresa que el transporte público sea insuficiente y mal estructurado. Aunque la red del Metro transporta a millones de personas diariamente en el DF, las conexiones con el Estado de México, que tiene cerca de 12 millones de habitantes en el valle, están cortadas. La Línea 2 llega sólo al Toreo, la 3 a Indios Verdes y la 6 hasta El Rosario. Sólo llegan al Estado de México la línea B, a Ciudad Azteca, y la 9 a La Paz. Por eso resulta indispensable la prolongación de las líneas y la construcción de rutas de Metrobús. Un caso que requiere atención es el tren suburbano que llega hasta Cuautitlán; porque necesita conectarse con autobuses y estacionamientos en cada estación.
Las ciudades no son sustentables porque concentran en un espacio reducido gran cantidad de actividades y de gente, que tienen un impacto sobre el aire, la tierra y el agua disponible. Hay algunas que han emprendido medidas para hacer que ese impacto negativo sea menor, con resultados sorprendentes al aplicar algunas acciones: limitar o compartir el uso del auto, usar transporte público, bicicleta o caminar; no quemar basura o desechos al aire libre; revisar fugas de gas en instalaciones domésticas e industriales y verificar periódicamente los autos y camiones.
