Vecinos lejanos

Las denuncias de muchos contra EU sólo son boxeo de sombra, fácil e inútil

Aunque compartimos una frontera de miles de kilómetros con Estados Unidos de América (EU), en realidad somos vecinos lejanos. Las razones para esa malquerencia son muchas; de hecho, los vecinos siguen esgrimiendo ofensas, despojos y desprecios para justificar el rechazo. En muchos sentidos es una situación que no parece remediarse. Se supone que conocemos a los estadunidenses y que ellos nos conocen, pero en realidad una profunda ignorancia hace que se perpetúen las diferencias y explica que los vecinos no se acerquen.

Muchos críticos hacen ampulosas condenas que anuncian el inminente colapso estadunidense, lo que les permite establecer una imagen de rebeldía que les garantiza amplio reconocimiento social; denuncian, luchan y declaran una guerra de la que saben que nunca tendrán que responsabilizarse.

No pretendo defender la inexcusable injusticia de la política prepotente que durante muchos años ha caracterizado buena parte de las acciones del gobierno estadunidense, pero lo que resulta evidente es que las acusaciones, denuncias y declaraciones de muchos sólo son boxeo de sombra, fácil e inútil, en contra del gobierno estadunidense. Antes era políticamente incorrecto hacer esas denuncias y luchar por ellas arriesgando la vida. Muchos artistas, intelectuales y profesionistas tuvieron graves problemas por no autocensurar sus denuncias. Pero desde hace tiempo, lo económica y políticamente correcto ha sido situarse como “crítico” del sistema, sabiendo que no se arriesga más que despeinarse en algunos mítines.

Lo que resulta paradójico es que haya gente en Estados Unidos que, ejerciendo su derecho a la libertad de expresión, ataque lo que le parece injusto o lamentable de sus gobernantes y de sus héroes públicos, con una valentía que haría sonrojar de vergüenza a muchos de los que aquí posan cómodamente como “luchadores” sociales. Basta ver algunos programas estadunidenses en la TV o en películas, cuyo tema y denuncia es no sólo demoledor, sino inteligente.

Un aspecto admirable de la cultura estadunidense es su capacidad y libertad para desafiar y criticar el poder de manera directa. La crítica cultural en Inglaterra y Norteamérica tiene siglos de lucha. No necesita frases incendiarias para cuestionar al orden establecido. Es sarcástica, inteligente y letal; no requiere de boxeo de sombra, ni busca quedar bien con un grupo, y su compromiso es con un público inteligente, que piensa y actúa.

En México el avance de una crítica así es todavía insuficiente. Basta el ejemplo de un destacado crítico estadunidense que denuncia la situación actual de millones de compatriotas: (Hickey D. Pirates and farmers: essays on taste. Ridinghouse, London, 2013, p.82). Yo la atribuyo a las enormes fuerzas tectónicas que ahora están vivas en América, donde nunca hemos estado tan seguros y en tanto peligro. Vivimos en una filigrana de redes perfectamente interconectadas con leyes para usar cascos de protección, cinturones de seguridad, asientos para niños; evitando el colesterol, con anuncios de no fumar, con citas para jugar con los niños, con teléfonos celulares y email. Todo eso afecta a gente que trata de trabajar en el borde del precipicio hacia el desastre. La fusión del negocio, trabajar sin contrato, una mala decisión, una engañosa hipoteca, un religioso idiota, un accidente, un loco con pistola o una enfermedad, y caemos para siempre y ni siquiera podemos gritar, porque alteramos la paz.

Temas: