Divorcios a lo tarugo

Aún quedan varios bichos machistas en esta sociedad harta de cavernícolas.

Es curioso cómo los seres humanos nos atrevemos a lanzar juicios sin ni siquiera conocer las aristas de una situación.

En mi columna de ayer hablé sobre el abuso sicológico que muchas mujeres viven en su vida y la importancia de que estas relaciones sirvan para aprender, más no para quedarse allí.

Me sorprende que aún haya hombres que pretendan que una mujer se quede en una relación sin importar el maltrato de ningún tipo. Un personaje, no lo llamaré Cirilo por respeto a mis queridos Cirilos, osó comentar que salirse de una de estas relaciones está mal y que por eso, porque las mujeres de clase media para arriba somos manipuladoras y egoístas —lo cito, tal cual—, hay tantos divorcios a lo tarugo.

Me pregunto, para este tipo de personas, como el susodicho a quien le parece una tarugada el abuso sicológico —ya no hablemos del físico—, qué es lo que avala la separación de dos personas. A lo mejor, una vez te maten a madrazos, sales del matrimonio como prometiste en tus votos, ¿no? ¡Vaya moral apelotardada!

No cabe duda que aún quedan varios bichos machistas en esta sociedad harta de cavernícolas y sedienta de hombres de verdad.

¿En qué momento una mujer que vela por su felicidad y no permite que un atolondrado machista la trate mal, se convirtió en una manipuladora y egoísta?

¡Vaya! Es justo de este tipo de personajes extraños con mentalidades retorcidas que las mujeres nos tenemos que cuidar, porque créanlo o no, uno los ve caminando por la calle como si nada fuera. ¡Deberían de comenzar a usar etiquetitas en la frente para uno saber con qué loco se va a enredar!

Me satisface que cada vez más hombres encuentran ridículos este tipo de comentarios, porque eso quiere decir que cada día hay menos de esa especie paleolítica llamados machistas que esperan que las mujeres nos aguantemos todas sus tarugadas para no pecar de egoístas y manipuladoras.

Debo decir que, hablando de divorcios a lo tarugo, sí es triste ver que cada día es menos alarmante que la gente se divorcie, no por pecar de anticuada, ni lo mande Dior, sino porque el matrimonio para los que aún lo vemos como algo para siempre, es atropellado en su esencia.

El problema no es el divorcio, el problema es con quién te casas y a la velocidad que lo haces. Muchas mujeres y hombres ya no se dan tiempo para conocer a su pareja antes de tomar el paso del matrimonio o de irse a vivir juntos.

Conocer al hombre al que vas a aceptar como tu pareja es imperante, justo para que este tipo de loquitos que califican de “taruga” a la violencia de pareja, puedan ser vislumbrados antes de regarla con todas sus letras y unir tu vida hasta que el divorcio los separe; o la muerte, porque con desequilibrados uno nunca sabe.

Para tomar la importante decisión de compartir una vida con alguien es necesario no sólo amar sus virtudes, pues esas son la parte divertida de la persona, sino poder convivir con sus defectos, que sus fallas —que todos las tenemos— no te afecten ni el autoestima ni tu seguridad ni tu voluntad. Si una de esas fallas te afecta en grados existenciales, ten por seguro que tu relación es la receta perfecta para el desastre.

Así que nuevamente recomiendo abrir bien los ojos cuando de entregar el corazón se trata, porque para divorciarse a lo tarugo, hace falta enamorarse de un tarugo.

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