Esto sí es populismo, lo demás, literatura y demagogia barata
México y sus gobiernos sin excepción desde los años 40 del siglo XX ha girado en torno al populismo, políticas populistas y gobernantes y funcionarios populistas.
Son varias las veces ya, que el presidente Peña Nieto denuncia el populismo y los peligros que representa. La más reciente, hace unos en su intervención en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.
Ya antes, entre nosotros, había planteado con más detalle su posición frente a lo que quizás más daño haya hecho —desde los años treinta del siglo pasado—, a casi todos los países de América Latina. Curiosamente, mucha de la popularidad de esa forma perversa de hacer política se debe, sin duda, al éxito del Primer Populista de México, el general Lázaro Cárdenas del Río.
Su obra y ejemplo fue de tal profundidad y éxito, que en los tiempos que corren —no sólo en México sino en buena parte de la Región—, la sola mención de su nombre hace que multitudes babeen arrobadas. Es de tal fuerza su presencia política, que su hijo, Cuauhtémoc El Pequeño, sigue vigente al amparo del apellido de su padre.
México pues, y sus gobiernos sin excepción desde los años cuarenta del siglo XX —cuando terminó el encargo del populista mayor—, ha girado en torno al populismo, políticas populistas y gobernantes y funcionarios populistas. Nuestro país, hay que decirlo, no es la excepción sino la regla; vea usted el panorama y encontrará populistas y populismo en todas partes: Fernández en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua y por supuesto, nuestro Presidente aquí en México.
¿Tiene sentido entonces, señalar peligros y riesgos del populismo en foros locales e internacionales, sin reconocer el papel que hemos jugado para su popularización? ¿Tiene lógica exhibir al populismo y sus políticas, sin corregir la fuente principal que es el gobierno mexicano mismo, populista número uno en los tiempos que corren?
Aquí y ahora, para no revisar lo visto y padecido en los años anteriores desde 1934 —con la llegada de Cárdenas al gobierno de México—, practicamos el populismo en serio; nada de pequeñeces. Va un ejemplo reciente. Como todos los años, el Foro Económico Mundial ha dado a conocer su ya conocido y popular Global Competitiveness Report 2015-2016. En él, México aparece en el lugar 57 mientras que en el anterior reporte ocupamos el 61.
De inmediato, los artífices de la campaña por convencernos de que la gobernación actual es lo máximo, lanzaron otra avalancha mediática a la vez que estimularon la promoción de sesudos análisis elaborados por panegiristas oficiales y oficiosos, cuyo único objetivo era promover la buena nueva: ¡Avanzamos cuatro lugares!
¿Dónde está el populismo preguntará usted si, efectivamente México ocupa el lugar 57 —ya no el 61—, en una muestra de 140 países? Está ahí, en eso; en aislar ese dato sin irse a las especificidades del Reporte donde, una vez que uno revisa con cuidado el Primer Pilar o Factor —de los doce que soportan la calificación de cada país—, la euforia se vuelve desencanto.
Este Pilar tiene 21 subfactores que tienen que ver, esencialmente, con la vigencia del Estado de derecho, Ahí está el México real, el que ocupa los lugares 125, 124, 103, 117, 123, 135, 136 y 127 en temas que van del Desvío de Recursos Públicos, pasa por la Confianza Pública en los Políticos hasta llegar a la Confiabilidad de los Servicios Policíacos. (Estas calificaciones las encuentra en la página 259 del Reporte). Intentar ocultar la realidad que está en el Reporte, es populismo; es vendernos una realidad inventada, tramposa.
Lo demás, palabras y demagogia.
