A 50 años de Madera, ¿quiénes promueven, todavía, el foco guerrillero?
Hoy, da tristeza oírlos elevar la voz y señalar con índice acusador a los que critican esa salida falsa...
Los años sesenta y setenta del siglo pasado fueron testigos, de la promoción que no pocos vivales hicieron de una de las trampas políticas e ideológicas más efectivas para llevar, a la muerte segura, a miles de jóvenes —y de otros no tan jóvenes—: el foco guerrillero.
Los convencidos de la necesidad y urgencia de cambiar rápidamente la situación de injusticia y desigualdad que privaba en sus respectivos países, que decidieron empuñar las armas porque, pensaron equivocadamente, el Foco era el instrumento único para lograrlo, sólo encontraron la muerte; además, las condiciones políticas sufrieron un recrudecimiento de la represión lo que dificultó, y retrasó sin duda, la lucha democrática.
Hoy, a cincuenta años de la primera experiencia guerrillera en México (El asalto al cuartel de Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965), se impone un recuento que, además de poner las cosas en su lugar en lo que se refiere al daño causado por esa táctica equivocada del foco guerrillero, exhiba a los sinvergüenzas que con ella medran en los tiempos actuales.
En el mundo, en México particularmente, la experiencia ha demostrado hasta la saciedad, que el foco guerrillero no pasa de ser la expresión más subjetiva y aventurera de un sector, dizque avanzado y revolucionario, de la pequeña burguesía el cual, como reflejo de la subjetividad de sus integrantes, los lleva a concluir que el cambio se logra, rápida y fácilmente,
Los equívocos teóricos —no se diga ya de los fracasos prácticos—, que han llevado a decenas de miles de jóvenes honrados intelectualmente pero equivocados, a ofrendar sus vidas en aras de concretar un ideal en favor de la justicia y la equidad, deben ser exhibidos junto con los actuales promotores que son, en su mayoría, desadaptados políticos que se quedaron anclados en los años sesenta del Siglo XX.
Aquí y ahora, esos grupúsculos de delincuentes comunes, que no han dudado en vivir del secuestro para mantenerse activos en su promoción de esa baratija del foco guerrillero, cuentan entre sus apoyadores y defensores, a no pocos dizque intelectuales setentones que en su momento, por cobardía, allá por los años sesenta y setenta del siglo pasado, se negaron a actuar con la mínima congruencia para transitar de su prosa encendida, a la integración a eso que vendían como salida única: el foco guerrillero.
Hoy, da tristeza oírlos elevar la voz y señalar con índice acusador a los que critican esa salida falsa y denuncian a quienes, desde la delincuencia común, sueñan con el estallido revolucionario que llevará al pueblo bueno a la insurrección armada, para derrocar al mal gobierno y destruir al Estado burgués y construir el socialismo.
A cincuenta años del sacrificio de un grupo de convencidos de la necesidad de cambiar el estado de cosas que privaba en el país, repito, es urgente exhibir a los promotores de la vía armada, específicamente del foco guerrillero, y fortalecer la lucha democrática.
No temamos denunciar a lo que queda de los hermanos Castro, por su responsabilidad en vender lo que sólo resultó en miles de jóvenes idealistas muertos que se lanzaron a construir el nuevo paraíso socialista.
Tanto a los que desde la comisión de delitos del orden común se dicen luchadores sociales, como a los cobardes que no se atrevieron a concretar lo que vociferaban hace 50 años, debemos desenmascararlos por el peligro que representan hoy.
Los inocentes que entregaron su vida, lo merecen.
