Como los griegos, nos gusta vivir bien pero, al igual que ellos, sin trabajar

Hay que decirlo una y otra vez, en esto de la gobernación, el político propone y dispone pero, llega el diablo del ansia libertaria, y todo lo descompone .

Si revisáremos, seria y objetivamente las políticas públicas que nuestros gobiernos, de 1970 a la fecha, han elaborado y aplicado, la única conclusión posible sería —si fuéremos lo suficientemente honrados intelectualmente para admitirlo—, que el objetivo de todas ellas era convertir a los ciudadanos  y a los agentes económicos privados, así como al resto de la población, en niños de pecho; en sujetos dependientes de un grupo de burócratas y políticos encumbrados que todo lo sabían, empezando por lo que todos esos años consideraban que nos convenía.

La tarea nuestra, frente a esa ambición propia de locos o de dictadorzuelos tropicales, era callar y obedecer y, cual autómatas, seguir el destino que habían preparado. De hacerlo, tendríamos todo; desde la cuna a la tumba pero, de querer tener libertad y ejercerla a plenitud, más nos valdría atenernos a las consecuencias por haber tenido o siquiera pensado, un atrevimiento así de subversivo.

Hay que decirlo una y otra vez, en esto de la gobernación, el político propone y dispone pero, llega el diablo del ansia libertaria, y todo lo descompone. Hoy, al ver lo que es México y decenas de países y sociedades en el mundo, es claro que el deseo de ser libres, si bien no todo lo descompuso, sí lo hizo —en una muy buena medida— con los intentos de control absoluto de tiranos de verdad, y de los de no pocos tiranuelos de pacotilla.

En este largo proceso de búsqueda y lucha por obtener la libertad para decidir por nosotros mismos, aquellos sabios que diseñaron toda una estructura de control ideológico, lograron éxitos sonados los cuales, aún hoy están frente a nosotros  vivitos y coleando. El éxito consistió, simple y sencillamente, en lograr un profundo cambio cultural que abrazaron decenas de millones de millones de mexicanos, y muchos más en otros tantos habitantes de varios países latinoamericanos los cuales, aún hoy, piensan que no sólo es posible sino además, muy cómodo, vivir sin trabajar.

En América Latina hoy, millones y millones viven de las dádivas del gobierno en turno, sin preocuparse jamás por el origen de los fondos que sufragan ese modo parasitario de vida. Piensan, que eso está bien y además, como lastre de aquel cambio cultural, que así debe ser, que el gobierno tiene la obligación de mantenerlos de por vida e incluido en dicha obligación gubernamental, proporcionarles un trabajo digno, y bien remunerado.

Por supuesto, no podrían faltar en el Paquete los servicios gratuitos como la vivienda, la educación de calidad y los servicios de salud, para ellos y sus descendientes sin olvidar, parte central de una vejez digna, una pensión que cubra las necesidades que configurarían un retiro apacible y cómodo. 

Esto que a muchos pudiere parecer una exageración, es la realidad que hizo estallar en pedazos a Grecia; beneficios sociales sin el menor sustento financiero, gozar una vida de dispendios y de holganza sufragada con fondos de la Unión Europea y deuda pública sin el menor control y racionalidad, explican lo que enfrenta ese país.

Por último, dejemos a Grecia y los griegos, y su tragedia, y veamos la realidad de este país nuestro que se debate, desde hace tres decenios cuando menos, en el estancamiento económico. ¿Piensa usted que podremos, sin crecimiento, sufragar indefinidamente tanto beneficio social sólo con deuda pública?

La ficción ya tronó en Grecia, ¿cuándo tronará aquí la burbuja que empezó hace casi 50 años?

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