La cruz manda

Esos dos maderos atravesados que sostienen un hombre insultado, torturado, clavado y agonizando en hilos rojos, es un invento iconográfico genial.

Un fantasma recorre Europa. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el marco, el franco, la peseta, la lira y la libra esterlina. El espectro apareció ahora en el aeropuerto y en una estación del Metro de Bruselas, en plena Semana Santa. La media luna apagó veintiocho cuerpos inocentes. Se clama venganza y se llora. Las redes sociales multiplican fotografías pintadas con negro, amarillo y rojo. Retumban voces al ritmo de ceros y unos. Son activistas de sofá. Hace meses se pintaron de azul, blanco y rojo. Antes, con seis colores. Continuarán usando la paleta según se les diga cuál es la combinación del pendón afectado. A la altiva dama europea se le rasgan las medias, la señora entrada en años, pero con minifalda y tacones altos, ha calculado muy mal el coqueteo del pionero estadunidense. Sam, un sombrerudo rudo y sagaz, y más joven, ha conseguido mediante promesas y lisonjas llegar a las costas sureñas del cuerpo de la mujer. Con un creciente musulmán penetra las playas de Schengen. El maquillaje de Europa empieza a correrse, el alien ya está en casa. Crecerá dentro de su seno, cual cuerno en horno vienés, gracias a Alá. Y cuando el estadio se complete, irrumpirá destruyendo los sueños europeos de cooperación, mientras será acicateado por Sam, quien enarbolará un signo poderoso, un control remoto ancestral: la cruz.

La cruz cristiana, esos dos maderos atravesados que sostienen un hombre insultado, torturado, clavado y agonizando en hilos rojos, es un invento iconográfico genial. Cuando los estudiosos europeos examinaron las decoraciones de las culturas prehispánicas, quedaron intrigados ante tales demostraciones sanguinarias y crueles extremas. Por ejemplo, los moche, en Perú, adornaban sus templos con imágenes de personas siendo descuartizadas hasta la parte más íntima. Quizá, pensaron los extranjeros, eran alegorías de historias mitológicas. En México, los aztecas, y en Mesoamérica, los mayas, pintaban retablos semejantes. Sin embargo, los dibujos no pertenecían al surrealismo o al simbolismo, eran realistas y costumbristas. En efecto, se mataba a la gente así, desmenuzándolos grotescamente. Las representaciones gráficas cumplían dos propósitos: la cohesión del pueblo y la agresión hacia forasteros.

Varias investigaciones realizadas en una universidad estadunidense demostraron la importancia de los signos de muerte. Una curiosa consistió en lo siguiente. Se dividió a los alumnos en republicanos y demócratas, y se le pidió a cada agrupación que elaborara la comida de la otra. La comidas estaban sabrosas y la relación armonizaba. Luego se les llevó a observar una sesión de fotografías con personas heridas y muertas en la guerra. Cuando tuvieron que preparar los alimentos posteriores, ambos conjuntos cocinaron con picantes, laxantes y otros ingredientes nocivos. Se tensó el ambiente.

La cruz es dos signos: el aspa que tranquiliza por sus proporciones, y el cristo destrozado que produce unión entre sus seguidores y xenofobia asesina contra los extranjeros. La cruz se transustancia en el mando de un televisor, el resultado dependerá del botón que se apriete.

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