El mensaje del arcoíris

Los ciudadanos de la recién estrenada Ciudad de México vivimos la semana pasada días locos, muy locos. Recordemos que iniciaba el chiflado marzo. A manera de bautizo, el mes hijo de Marte limpió la atmósfera capitalina. Ahora sí, empezamos transparentes e inmaculados. ...

Los ciudadanos de la recién estrenada Ciudad de México vivimos la semana pasada días locos, muy locos. Recordemos que iniciaba el chiflado marzo. A manera de bautizo, el mes hijo de Marte limpió la atmósfera capitalina. Ahora sí, empezamos transparentes e inmaculados. Las rarezas climáticas se sucedieron sin ton ni son, ráfagas de viento con lluvia, granizo y aguanieve atacaron a los transeúntes súbitamente, para luego dejar que el Sol apareciera, brillante, cálido. Llenos de confianza por la aparente mejora del clima, confiados, no nos imaginamos lo que tramaba el planeta. En un instante volvimos a sentir vientos poderosos y constantes. Gases nocivos, partículas en suspensión y anuncios espectaculares fueron arrasados por el buen gusto natural. Sin embargo, hubo bajas colaterales. Bastantes árboles no pudieron aguantar la arremetida purificadora debido a que, en la urbe gris, nadie respeta las normas. Capital salvaje. Pinos, abetos, hules, cedros, jacarandas, colorines, fresnos y demás vegetales hermosos no tienen las condiciones necesarias para desarrollarse bien. Se les asfixia con cemento, se les cortan las raíces, se les clava cualquier propaganda estúpida y hortera. Con la corrupción encendida y la planificación apagada, el desorden fue grande, incluso se cerraron escuelas y carreteras. Fuimos avisados al comienzo de la mañana. Pero nadie supo descifrar el acertijo. Por toda la villa aparecieron arcoíris magníficos. Curvas enormes listadas por una heptarquía de matices que transportaron un mensaje del ente superior: la Naturaleza.

   ¿Cuál es la materia prima de la banda coloreada? La luz blanca se compone de un conjunto de longitudes de onda. Cada longitud aislada tiene un color, y al juntar todas ellas se forma el blanco. Un arcoíris es la descomposición de la luz blanca en siete colores cuando interacciona con las gotas de agua. No todas las especies pueden apreciar un arcoíris tal cual lo hacemos nosotros. Para ello se necesita tener tres tipos de células, llamadas conos, en la retina del ojo. Las aves tienen cuatro y ven arcoíris de más tonos, los perros poseen dos. Cada clase de cono percibe una longitud de onda específica, y por lo tanto, un color, ya sea rojo, verde o azul. Ellos son el trío de colores primarios. La paleta restante la registramos en nuestro cerebro como una combinación de estímulos provenientes de varios conos: rojos y verdes excitados simultáneamente hacen que veamos el amarillo.

   Taumante y Electra, una de las oceánidas, se unieron creando a Iris, a Arce y a las Arpías. Iris es joven, hermosa, posee alas áureas y viste una túnica policromada. Vuela de aquí para allá, del Olimpo al Hades y de regreso, surca aires velozmente llevando mensajes divinos. Comparte dicha ocupación con otro rápido, Hermes. Su principal clienta es Hera. No sólo media la comunicación entre los dioses griegos, sino que también, cuando las condiciones lo ameritan y es necesario avisar de peligros a los pequeños humanos, ella sirve de vínculo. Toma la estafeta olímpica y la deposita ipso facto en la metrópoli adecuada. Como señal de que llegó, deja a su paso un arcoíris. ¿Aún no entendemos?

Temas: