La ciencia y la religión (2)

“La religión es el opio de los pueblos” no debe tomarse con el significado de una droga proporcionada por el Estado para dormir a la plebe.

La religión se basa en el dogma. Será interesante encontrar las razones por las cuales la mayoría de la humanidad ha creído, a lo largo de su devenir, en algún ser sobrenatural nunca visto en la caverna platónica. Que sirve a los intereses de unos cuantos para dominar y estructurar a la masa es algo trivial, nimio. En París (2015) varios enajenados por el Islam cometieron una matanza. En Jerusalén (1099) miles de alienados por el cristianismo hicieron lo mismo. En Tenochtitlan (1500) se asesinaba cotidianamente para ofrendar a los dioses. Religión y nación son dos caballos del Apocalipsis. ¿Cuál es la fórmula para producir tanto crédulo? En columnas anteriores, El gen de Dios 1 y 2, exploramos ya la idea desde la genética y la evolución biológica. Ahora entremos en las profundidades de la psiquis y del crío.

Herr Freud diseca el tema en El porvenir de una ilusión (1927). La génesis síquica de las ideas religiosas es simplemente ilusión. No surgen del pensamiento ni de la experiencia. La humanidad realiza sus deseos más apremiantes, más intensos y más ancestrales por medio de ellas, allí reside su poder. Cuando uno es niño se tiene la sensación de impotencia, que despierta la necesidad de protección amorosa, satisfecha por el padre en dicha edad. Al persistir este impulso, surge la figura de un padre sempiterno todopoderoso. Aclara que una ilusión es una creencia engendrada por un impulso para satisfacer un deseo, la cual puede no ser un error. Sin embargo, es indemostrable —Herr Popper subrayaría este hecho— y no es lícito obligar a alguien a aceptarla como cierta. “La ignorancia es la ignorancia, y no es posible derivar de ella un derecho a creer en algo”, sentencia don Sigmund.

Herr Marx ya lo había mencionado en 1843 de una forma poética y trágica. Ese enunciado, fuera de contexto, multiplicado en bocas de ciertos ateos ha dado una idea falsa de lo que don Karl dijo. “La religión es el opio de los pueblos”, no debe tomarse con el significado de una droga proporcionada por el Estado para dormir a la plebe. Más bien es el resuello de la criatura del proletariado, provenido de la ribera de los sollozos donde mora. Ella la crea, como animal torturado, cual oso con canaleta clavada que drena diariamente su bilis, en un país tan grande, tan atrasado: China.

Herr Lorenz nos proporciona el caso científico de la impronta. Al romper sus cascarones, los gansitos seguirán al primer objeto que vean, suponen que es su madre. Normalmente pasa así, pero si por algún mal funcionamiento del cosmos observan otra cosa, la escoltarán, convencidos de que eso es mamá. Famosas son las fotos de don Konrad con su séquito de gansos. Fly away home es una película interesante que recrea un caso real, donde un padre y su hija se valen del fenómeno para guiar una nidada de gansos huérfanos, desde Canadá hasta EU, usando un par de ultraligeros. Por ello, es trascendental para las iglesias programar con código el sistema operativo prístino de los nenes, que sean incapaces de restaurar esas macas mentales, que les cueste ir a su capa recóndita del yo y extirpar un concepto injertado durante su conformación como sujetos.

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