To bee, or not to bee.
Hace unos 150 millones de años, o antes, vaya usted a saber por qué, un grupo de avispas decidió alimentar a sus larvas con alimentos vegetales. Quizá descubrieron algunas bondades de las plantas en su alimentación. O tal vez supieron de las maldades que una dieta animal acarrea. O acaso discutieron, basadas en la ética, sobre la manera en que algunas sacrificaban y consumían a sus presas. Las avispas parasitoides matan cruelmente. Después de seleccionar al condenado, que bien puede ir desde un gusano apacible hasta una tarántula poderosa, la avispa le inyecta sus huevos en el interior. La tarea es trivial en el caso de víctimas inofensivas, pero cuando se trata de ponerlos adentro de arañas gigantescas, se requiere una batalla previa, en la cual, casi siempre, la avispa vence. Allí dentro eclosionan los huevos, salen las larvas y comienzan a devorar al portador, que continúa vivo, a partir de sus entrañas. Si ha visto alguna película de Alien, sabrá el horror al que me refiero.
Este linaje vegetariano ha evolucionado y persistido hasta nuestros días. Son las abejas. Ellas son de los pocos animales que gozan de la simpatía humana. Su fama de trabajadoras y solidarias es reconocida en todo el mundo, además, usamos sus productos en varias industrias: alimentaria, electrónica, farmacéutica, cosmética. Amén de la jalea real y la cera, su producto célebre es la miel. ¿Quién no ha caído embelesado por el ámbar sedoso? No sólo producen esa delicadeza propia de menúes refinados, sino que también son las polinizadoras por excelencia. Ningún otro grupo de seres alcahuetea tantas plantas con flor, sin ellas, enormidades de vegetales sucumbirían.
Curiosamente, en este momento estará visualizando un ser pequeño, zumbador, con rayas amarillas y negras, un poco mayor que una mosca común. Se imaginará su colmena, llena de trabajadoras con aguijón que van y vienen incansables entre perfectas celdas hexagonales, donde vive la reina, la única hembra reproductora. Ah, y seguramente recordará a los indolentes, los zánganos, sí, esos que nada hacen fuera de la alcoba real. Temo decirle que ese estereotipo es falso. Responde sólo a una especie, la abeja europea (Apis mellifera), pero ella lejos de la regla está. La mayoría de las abejas no son sociales, viven solas y no poseen la estratificación social mencionada.
Resulta que existen cerca de 20 mil especies identificadas de abejas, se cree que otro tanto continúa sin ser descubierto. Para darnos una idea de la cantidad comparemos con grupos familiares. Si sumamos todas las especies conocidas de reptiles, de aves y de mamíferos, el resultado (25 mil) apenas supera al de ellas.
En Abejas (Bees), Sam Droege y Laurence Packer nos introducen delicadamente al universo de estos insectos con fotos magníficas y semblanzas curiosas sobre cien especies. Las abejas saludan irisando: Exoneura sp. es mitad roja, Diphaglossa gayi es anaranjada, Brachyhesma sp. es amarilla, Augochlora pura es verde, Thyreus wallacei tiene motas azules, Acanthopus excellens es índigo y Euglossa sp. es violeta. Para iluminados y góticos: Tarsalia persica es blanca; Coelioxis dolichos, negra.
