¡Feliz año luz 2016!

Que recorra espacio, explore ideas, se nutra de circunstancias, trajine con los pies...

El fulgor de 2015 es mortecino. En apenas un par de días se apagará. La mente humana concibe los destellos prístinos como inicios de vida, nacer es abrir los ojos, detectar exhalaciones lumínicas; mientras que lo opuesto, morir, significa cerrar los párpados y sumergirse en la oscuridad infinita eternamente. Así comprendemos la conciencia. Hasta quienes hacen caminos introspectivos, abriendo mente y cerrando ojos, si por fin logran alcanzar el pacto supremo, se iluminan. Negro es el universo, su condición normal es así, las bengalas, los luceros, las estrellas, fugaces y no, son eventos extraños, impurezas de la opacidad, polución brillosa.

Las palabras año y luz las maneja cualquiera y lo hacemos desde pequeños; sin embargo, ¿conocemos bien qué es un año, qué es la luz? Quizá el dato primero que aprendemos a memorizar, junto con nombre y apellidos, es la edad. Esa cifra que al principio desespera por lenta y, de repente, un día, de improviso, da vértigo debido a su acumulación implacable. Los años vividos no son sino el número de vueltas que una persona determinada le ha dado al Sol.

Cuando pasado mañana finalice, habremos todos –excepto los bebés– dado otra circunvolución en torno al astro y por eso la contabilidad agregará uno a la suma general. Cada 365 días y un cuarto regresamos al mismo lugar, de allí los años bisiestos. El cómputo de este lapso no es así de sencillo, pero evitemos los detalles por ahora, diciembre es un mes inadecuado para hacer cálculos, el relajamiento extremo, la comida y el alcohol abundantes son malos consejeros de la matemática.

El concepto de luz lo sentimos antes. La claridad nos reconforta, a poca gente le gustan las penumbras. Nuestro cuerpo nos pide el calor de la estrella cercana para sobrevivir. Podríamos decir que la luz es lo que nos facilita ver. Lo cual, siendo cierto, no contesta la pregunta. Definir un automóvil como aquello que nos permite transportarnos no aclara su esencia. La física quiso explicar bien el fenómeno, después de varios bamboleos intelectuales centenarios acabó por concluir que la luz es dual: es una onda y es una partícula. De nuevo esquivemos las exactitudes científicas. No estamos de ánimo. Basta con saber que la luz viaja a casi 300 mil kilómetros por segundo. A esa celeridad se le puede dar un poco más de siete giros a la Tierra por el ecuador en un segundo, lo cual aplasta la marca de mister Fogg y de monsieur Passepartout. Se sospecha que Santa Claus y los Reyes Magos poseen animales modificados genéticamente para alcanzar velocidades parecidas.

El tamaño del Cosmos es inconcebible para la experiencia humana. Por ello se acordó expresar las distancias espaciales en años luz. Un año luz es el trecho que recorre la luz en 365 días. ¿Cuánto recorrió usted en 2015? ¿Cuál fue la longitud de su “año luz”? Para 2016 no le deseo un año feliz simplemente, no sólo 366 días venturosos, anhelo que tenga un año próspero en movimiento, que recorra espacio, explore ideas, se nutra de circunstancias, trajine con los pies, navegue con la mente, mire al mundo como onda, como partícula. Ilumínese. ¡Feliz año luz 2016!

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