Bibliodiversidad
Existen 129,864,880 especies diferentes. Las poblaciones de algunas cuentan con infinidad de ejemplares, otras, en cambio, apenas poseen uno.
Según el recuento de Google de 2010, existen 129,864,880 especies diferentes. Las poblaciones de algunas cuentan con infinidad de ejemplares, otras, en cambio, apenas poseen uno. Las tasas de natalidad son también dispares, las prolíficas tienen miles de nacimientos anuales, pero las sentenciadas por la extinción han dejado de reproducirse. Se presume, por el registro fosilífero, que su antepasado remotísimo tuvo un esqueleto pétreo, el cual fue alterándose a lo largo de centurias de evolución. Algunos especímenes incorporaron en sus armaduras elementos de piel, hueso, seda, arcilla, madera, metales inclusive. La cantidad de datos que podían acumular estos modelos primitivos era escasa. Alrededor del siglo IV a. C., en Egipto, ocurrió un gran salto evolutivo, unos ejemplares adoptaron la celulosa como soporte. El aligeramiento extremo de sus cuerpos tuvo varias consecuencias trascendentales. Sentenció a muerte a aquellas especies que no portaban el etéreo bastidor de origen vegetal, quienes no pudieron competir contra individuos que cargaban exactamente la misma información, pero cien veces más livianos. La ligereza de la celulosa las hizo viajeras, fueron capaces de salir de su centro de origen y dispersarse hacia Europa y Asia. Gracias a estas correrías lograron incorporar sabidurías relativas a las áreas nuevas que visitaban sin comprometer seriamente su poderosa resistencia gravitatoria. Curiosamente, dadas las características físicas del nuevo material, tendían a enrollarse, como les pasa a la mayoría de las conchas.
Pasaron mil años hasta que otra novedad evolutiva desencadenó la transformación mayor en el linaje del grupo. Si bien la levedad era maravillosa, el modo secuencial para alcanzar la información funcionaba ineficazmente. Por ejemplo, si se deseaba leer referencias del centro del rollo, se debía pasar por todas las anteriores. Ningún ser, al sintetizar cualquiera de sus substancias vitales, recorre exhaustivamente su genoma hasta encontrar el gen deseado. Si necesita producir insulina, va directamente al lugar donde están los genes para fabricar dicha hormona. La innovación consistió en segmentar el sostén en láminas y luego superponerlas. La adaptación funcionó de maravilla, ahora era posible disponer de los registros directamente, hay quien le dice a eso aleatorio. Una vez más, el arreglo condujo a un desempeño mejor adaptado al entorno, el cual de nuevo permitió aumentar drásticamente la capacidad de almacenamiento. Como efecto colateral surgieron estructuras de protección. Tal cual el par de alas externas de los escarabajos se ha endurecido y guarece, cuando se pliega, a las dos internas dentro de una cápsula, las láminas externas volvieron a retomar rasgos atávicos acartonados, metalizados, de piel o madera.
Una mutación reciente ha eliminado las láminas en ciertos organismos, ahora el sustento informativo reposa en electrones vaporosos y en el dualismo binario. El destino dirá si los mutantes desplazarán a los antiguos, creando una estirpe fantasmal cuya existencia perdurará únicamente en el magnetismo o microcosmos de un circuito, lejos de aromas, colores y texturas.
