Los unicornios (IV)
No existen registros de ellos, ningún bestiario, ni antiguo ni moderno, ha podido captar su esencia.
De las casas menores, los más lindos son los nimbi. Esta tercera casa cuenta con los unicornios más numerosos. Sin embargo, no debemos confundirnos, su abundancia se equipara con su elusión. No existen registros de ellos, ningún bestiario, ni antiguo ni moderno, ha podido captar su esencia. Se dedican a trabajar con niños, quienes pueden verlos fácilmente mientras su alma esté impoluta. Son velocísimos. Su talla nunca rebasa los dos palmos (42 cm). Como se esperaría, su cuerno está acorde con su estatura.
¿Por qué del nombre? Los nimbos –nimbi es el plural de nimbo (niebla en latín)– son aquellas nubes bajas de color grisáceo cuya presencia obstruye los rayos solares, con lo cual se forma, generalmente, una areola clara alrededor de su confín. Presagian lluvia, nieve o granizo, dichos meteoros pueden tocar suelo, si no lo hacen, se convierten en el fenómeno anómalo llamado lluvia fantasma –lo fantasmal no se da en maceta y flota siempre–.
La mitología clásica cuenta que cuando aparecía algún nimbo, significaba que una deidad pisaba la Tierra. Su presencia se rodeaba de un halo luminiscente y quedaba delatada. Los egipcios, griegos y romanos acostumbraron a poner un círculo luminoso detrás de las cabezas de personajes importantes, como deidades y emperadores. La Iglesia retomó la tradición y nimbó las imágenes de la virgen y del niño Jesús. Sabiendo esta señal, podemos descubrir que, en México, los nimbi nos visitaban de junio a octubre con puntualidad, despidiéndose estrepitosamente durante el cordonazo de San Francisco, 4 de octubre –día mundial de los animales–. Ahora, con el cambio climático mundial, hasta la agenda de estos pequeñuelos místicos y del poverello d’Assisi se ha alterado.
Los unicornios más escasos son los habitantes de la cuarta casa. Pocos hombres han alcanzado a verlos. Se llaman kilina. Sus mesteres se centran en los asuntos de Oriente. Su don de la diplomacia es extremo, pocas veces se comunican con los hombres, sólo lo hacen en situaciones trascendentes, como el presagio del nacimiento o la muerte de un rey u otro noble de alto rango.
El cuerno que portan es único, se prende con fuego sagrado. Cuando encendido, destella poderoso y tremulante en una frecuencia casi invisible para los ojos humanos. Esta casa fue escogida para guardar las Tres Sentencias Sagradas, que reveladas serán cuando esta era finalice. Descripciones chinas detallan sus características: el cuerpo recuerda al de un venado cornudo, las pezuñas son de caballo, la piel está cubierta por escamas y la cola es de buey. En ocasiones, hasta se ha mencionado una naturaleza bicorne.
Sin duda es la especie más disímbola y, por ello, frecuentemente se le clasifica aparte como el unicornio chino. Así lo hacen Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, en el Manual de zoología fantástica, ilustrado por Francisco Toledo. Allí capturan una exposición del animal aparecida en la Anthologie raisonnée de la littérature chinoise: “Sabemos que tal animal con crin es caballo y que tal animal con cuernos es toro. No sabemos cómo es el unicornio”.
Quizá por ello, durante la dinastía Ming, los exploradores lo confundían con las jirafas.
