Los unicornios (II)

Pesan tonelada y media en promedio, miden cuatro metros, son blancos y muestran un cuerno helicoidal de unos dos metros de longitud. El animal pertenece a los cetáceos...

Doncellas y leones pueden, respectivamente, engañar y matar a los unicornios. De esta forma, los espíritus oscuros se apoderan del cuerno. Eso se dice en ciertos manuales para engatusar a los incautos, hurtarles alhajas y monedas, y darles a cambio un polvo blanco inútil y barato. La magia del cuerno es abrumadora. Los dos haces de luz nívea trenzados con el hilo áureo de la fi griega someten cualquier fuerza natural al orden del caos primigenio. Semejante artefacto no puede pertenecer a mentes obtusas ni a intereses horteras. Sin embargo, en diferentes latitudes y longitudes, en mercados clandestinos, se puede encontrar la espiral molida, o al menos, eso se dice. Con abundante oro es factible adquirir el apéndice completo, tangible, marfileño, enroscado. Cualquier mal, padecimiento o embrujo cede ante su ápex, eso también se dice. ¿De dónde proviene el duplicado? ¿Quién es el hábil artista detrás de la artimaña?

Mal haríamos en buscar una inteligencia humana causante del fraude. Las artes del hombre son burdas y ordinarias, incapaces de forjar una maravilla de tal estatura. El hacedor enigmático mora lejos de ciudades, de bosques, de montañas. Pocos lo han visto, menos conocen la conexión entre él y el cuerno. Para la mayoría, el cuerno es de un unicornio, de un monoceros, de aquel que dibuja su silueta en las invernales noches boreales. Donde brilla Cerastes, o beta monocerotis, una hermosa asociación formada por tres estrellas blancoazuladas, de la constelación del Monoceros, visibles con cualquier telescopio modesto.

Pero bajemos del firmamento, este unicornio no vuela. Descendamos aún más, porque tampoco pisa la tierra. Vayamos a las profundidades saladas. A los mares nórdicos. Emergiendo de la superficie, entre bloques de hielo, varios narvales machos salen a respirar. Pesan tonelada y media en promedio, miden cuatro metros, son blancos y muestran un cuerno helicoidal de unos dos metros de longitud. El animal pertenece a los cetáceos, grupo compuesto por ballenas, delfines, orcas. Sus parientes más cercanos son las belugas. Su nombre proviene del danés narhval. Se cuenta que durante la Edad Media, los vikingos cazaban a la bestia y vendían sus cuernos haciéndolos pasar por los del unicornio. La leyenda falsa sobre la caza del equino místico y la revelación del embuste milenario encuentran así su génesis.

El misterio tiene un giro más. El narval se llama científicamente Monodon monoceros (unidente unicornio), lo cual delata la naturaleza real de los cuernos, ya que los narvales carecen de ellos. Estos mamíferos marinos tienen primordios dentales, pero sólo desarrollan los dos incisivos superiores. En los machos, y ocasionalmente en las hembras, el izquierdo crece siempre girando siniestramente hacia adelante con majestuosidad. Nadie sabe por qué se orientan así. Rara vez, es posible divisar individuos, incluso hembras, con los dos dientes agigantados.

Hipótesis varias hay sobre su uso. La mejor sustentada arguye que opera como un utensilio sexual. En el ártico, todavía hoy se escuchan los cruces de espadas a la vieja usanza, donde las damiselas premian con sus favores a los vencedores.

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