Azul Profundo (1)
La táctica de Deep Blue II ha funcionado para derrotar, en tan sólo 19 movimientos, al campeón del mundo de ajedrez clásico...
1997. Allí donde la profundidad no se mide en metros, ni en atmósferas de presión, sino que hila ríos de posibilidades y abismos de permutaciones; allí, el azerí fracasa. Su cara desencajada refleja la vibración de tripas, la bilis chorreando. Ese peón transportado a c4 evidencia el despliegue de sus fuerzas azabaches en el campo de 64 casillas, insalvable según sus cálculos. Ha perdido la dama y un trío de peones; su contrincante ha dejado una torre, un caballo, un alfil y un par de peones. No está superado en material, pero sí en posición. La táctica de Azul Profundo II (Deep Blue II) ha funcionado para derrotar, en tan sólo 19 movimientos, al campeón del mundo de ajedrez clásico, Gari Kaspárov.
Kaspárov nació en Bakú, cuando la ciudad formaba parte de la URSS. Hoy es la capital de Azerbaiyán. En 1985, a los 22 años de edad, se convirtió en el campeón mundial más joven. Retuvo el cetro de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez, por sus siglas en francés) hasta 1993, cuando abandonó al organismo por diferencias con su presidente.
Lejos de tierras exsoviéticas, un contrincante gigantesco reta a Gari. Dos metros de altura y una tonelada y media de peso representan el poderío estadunidense. Se arma el enfrentamiento entre la máquina y el hombre. El ajedrecista competirá contra una supercomputadora, la Deep Blue, cuyo nombre proviene del color emblemático de IBM y de la forma de escudriñar las partidas.
Cuando uno juega ajedrez, analiza las jugadas potenciales del oponente como respuesta a cierto movimiento: “Si muevo mi caballo allí, él pondrá su alfil allá. Entonces, yo capturaré su peón y él se enrocará. Luego yo ...”. Pero ¿qué pasaría si, en lugar del alfil, moviera la dama o la torre, o ...?
Habrá que visualizar todos esos recorridos con sus variaciones como si se explorara un bosque laberíntico que se ramifica brutalmente a medida que seleccionamos un camino.
Sin duda existirán acciones imposibles de acuerdo con la experiencia del jugador. Entre más me adentre en el bosque –y regrese–, mejor entenderé la partida. Un empuja maderas apenas prevé pocas acciones, además de que lo hace de forma imprecisa. Los Grandes Maestros son exploradores curtidos, anticipan entre cinco y diez jugadas con exactitud pasmosa –como si marcaran el camino con migajas.
Ésta es la profundidad ajedrecística. Nada diferente a la profundidad de nuestras decisiones de vida. Deep Blue puede sondear inmensas selvas, inconmensurables para la mente de un mortal.
En 1996, el cerebro humano confronta al hijo eléctrico. Los cimientos de Filadelfia oyen cómo perdemos la primera partida. Kaspárov se levanta cual héroe de leyenda y gana la contienda con tres victorias, dos tablas y sólo un revés: 4-2 final.
Deep Blue tenía la capacidad de calcular 200 millones de posiciones por segundo y de anticipar entre 50 y 60 jugadas; sin embargo, era débil para percibir el juego posicional, clave del genio.
El campeón comentó algún día: “Es verdad, me asusta que una computadora juegue con un nivel superior a todas las demás y al de casi todos los hombres”.
IBM no quedará tranquila y construirá a Deep Blue II.
