La prisión de Toto y de Jambi

La cárcel de animales ha perdurado hasta hoy... Se enjaula a cualquier desgraciado que se deje atrapar.

Jambi ya murió. ¿Podrá Toto ser libre sus últimos días? Las prisiones son lugares donde se priva de la libertad a sus inquilinos. Por quebrantar alguna ley, estos seres no deben salir de espacios confinados. Allí permanecerán durante lapsos variables. Unos estarán tiempos cortos, otros, tiempos largos, y los más desgraciados, por siempre.

Existe un tipo de cárcel diferente. Se le bautiza distinto y es una reminiscencia de sociedades primitivas, de culturas salvajes, de reinos sanguinarios, de soberanos déspotas. Dentro de sus bardas la libertad muere. Sin embargo, el ambiente gris penitenciario de las primeras se vende acá como uno ecológico. Se enjaula a cualquier desgraciado que se deje atrapar.

Ninguno es un asesino, ninguno es un violador, tampoco hay embaucadores, menos aun narcotraficantes. Todos son inocentes, desde el grandote hasta el diminuto, desde el alado hasta el patón. No infringieron ley alguna. Nunca tuvieron abogados como defensa. Por si fuera poco, no basta con sentenciarlos a la claustrofobia permanente, no, el hombre es un payaso cruel, adora exhibirlos a través de ventanales, de vallas y de jaulas. Así, masas de Homo sapiens sonrientes contemplan a los reos mientras comen tacos o frituras con sus respectivas bebidas burbujeantes color estiércol.

Este invento se llama zoológico. Al indagar desde cuándo existen estos sitios, la enciclopedia de la internet dice que fue en Francia donde se incubó la aberración, allá por 1664. En el Valle de México, los aztecas tuvieron uno antes. En aquella época, mostrar fieras a súbditos y a enemigos empoderaba monarcas. La cárcel de animales ha perdurado hasta hoy. Los caudillos han sido reemplazados por políticos lechuguinos, unos más verdes que otros, cuyos conocimientos sobre el tema tienden a cero, quienes se hacen acompañar por científicos con miopía biológica severa.

Proyecto Gran Simio es una organización cuyo objetivo es promover un trato respetuoso y humanitario hacia los grandes simios (gorilas, bonobos, chimpancés y orangutanes). Durante meses ofreció trasladar a dos reos, dos orangutanes, llamados Toto y Jambi, del Zoológico de Chapultepec al santuario de Sorocaba, en Brasil, donde vivirían de una forma más adecuada y saludable. Lamentablemente, Jambi no aguantó, falleció el pasado 24 de julio.

La organización sostiene que cubrirá el costo de acarrear a Toto al sur. Uno pensaría que el destino, por fin, le sonríe a la bestia. Pero no. Las autoridades competentes se niegan a dar el permiso. Su objeción se escuda bajo dos líneas principalmente. La primera asegura que se violaría la Ley General de Vida Silvestre, porque ella prohíbe exportar primates para fines diferentes a la investigación científica. ¿Acaso no se podría estudiar la rehabilitación de los orangutanes? La segunda afirma que Toto tiene todo en su celda para estar sano —visite la jaula—. Si una neurona se activa para pensar sobre la contestación, concluirá que las autoridades carecen de estas células y de voluntad para comprender la dimensión del asunto. Apoye a Toto en Change.org, van 130 mil firmas.

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