El viejo topo y El Chapo

A propósito de la fuga del capo mexicano, el autor recuerda al topo y al Viet Cong como dos grandes constructores de túneles.

Famoso es por construir grandes galerías subterráneas. Aunque promueve la aireación del suelo, se le considera indeseable y se le asesina ahogándolo o asfixiándolo con gases venenosos. Debería saber que la plaga humana es la única con licencia para aprovechar el planeta. Los topos son un grupo de mamíferos adaptados a la vida excavadora bajo tierra. Carecen de orejas y sus ojos son minúsculos. Poseen garras poderosas y en el hocico hay un sentido del tacto finísimo. Algunos, como el topo estrellado, pueden nadar hábilmente. Como transitar por sus madrigueras resulta algo limitado para el amor, los machos tienen orientado su pene hacia atrás, cuando el ímpetu amoroso sobreviene, el topo y la topa simplemente se enganchan en tándem, con las popas -o pompas- de frente, cual vagones del Metro. Dentro de la topinera existe una cámara central destinada a la crianza de los pequeños y a la estancia de los adultos. En promedio, este animal excava 20 metros por día. Vivir en un medio duro de difícil locomoción y poco ventilado genera varias molestias, pero también tiene ventajas enormes. Desaparecer de la vista de los depredadores y refugiarse de las inclemencias climáticas son quizá las esenciales.

El hombre ha incursionado en este estilo de vida en varias ocasiones empujado por la guerra o por las temperaturas extremas, igual que los topos. Capadocia y Montreal son algunos ejemplos de vida subterránea. Menos romántico es el sistema de Cu Chi en Vietnam. Una urdimbre de 121 kilómetros de túneles con una profundidad de hasta 10 metros conforman el núcleo principal de este sitio mantenido por el gobierno vietnamita como un recuerdo de la guerra contra Estados Unidos. La red se empezó a construir durante la guerra de independencia de Francia, a finales de la década de 1940. Finalmente, en 1954, se expulsó a los franceses. No obstante, la lucha continuó entre el sur y el norte por diferencias políticas y los norteamericanos entraron en ella en 1964. El Viet Cong logró ampliar dicha red llegando a alcanzar distancias de 250 kilómetros. Así, se aparecían fantásticamente en la selva, atacaban y se evaporaban por las diminutas escotillas camufladas del piso sin dejar rastro. Dos operaciones masivas de bombardeo y defoliación, seguidas por incursiones de tanques y bulldozers trataron de destruir los pasadizos. A la par, un grupo de soldados, «las ratas de túnel», armados con una pistola ligera, un cuchillo y una linterna, ingresaba a los intestinos del Cong, allí los aguardaban trampas al estilo de Indiana Jones, donde, de caer, quedaban prensados en planchas o en rodillos saturados con bambúes puntiagudos.

Desde Stratford-upon-Avon hasta Tréveris, se dice que el fantasmal topo cava y hoza continuamente. Aquél ya anciano, ha construido un magnífico enredo de corredores invisibles, carcomiendo las estructuras, debilitando las bases fundacionales de los sistemas capitalistas. Este revolucionario es paciente, alimenta su poder con sabiduría, cuando la Historia le indique, saldrá a la superficie para desmoronarlo todo. El problema mexicano es que un chapo aprendió y pervirtió ese truco del viejo topo.

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