Empezó la sexta extinción (2)

Actualmente están extinguiéndose, dependiendo del grupo biológico, entre diez y cien veces más especies de lo normal.

Monstruos poderosos han mermado seriamente la diversidad de la vida terrestre. Los engendros polvorientos ocultan al Sol por largos periodos, cortando la fuente principal de energía de los seres vivos. Sin los rayos áureos las plantas se marchitan. Al desaparecer la base de la cadena alimenticia, todo cae cual fichas alineadas de dominó. Sin vegetales los herbívoros sucumben, luego fenecen los carnívoros primarios y, al final, los secundarios. Las abominaciones ígneas asesinan quemando y asfixiando. Sus huestes de fuego, piroclastos y gases nocivos, derriten y envenenan cualquier vestigio vital en su camino. Como contraparte, los monstruos gélidos pintan naturalezas muertas. Paralizan el movimiento de las moléculas, los cuerpos se momifican y las almas se congelan.

Se conoce poco sobre los fenómenos causantes de las cinco extinciones masivas del pasado. En general, se culpa al vulcanismo, con sus erupciones basálticas, a las colisiones con asteroides y cometas, y a los periodos glaciales. Sin embargo, todas ellas poseen el mismo origen, han sido provocadas por fenómenos naturales. Varios biólogos llevan advirtiendo desde hace años sobre la aparición de la sexta extinción masiva, pero ahora la causa no se debe a movimientos de rocas y magma, sino a la actividad humana

Como ha sucedido con el calentamiento global, una parte pequeña y bien posicionada de la comunidad científica –generalmente pagada por compañías que degradan el ambiente– ha evitado apoyar esta tesis. Recientemente se ha publicado un estudio más que apoya dicha advertencia. Los datos estremecen cualquier conciencia. De acuerdo con cálculos muy conservadores, actualmente están extinguiéndose, dependiendo del grupo biológico, entre diez y cien veces más especies de lo normal. En el siglo XX desaparecieron 477 especies de vertebrados, cuando nueve hubiera sido lo normal. De continuar con esa tasa de extinción, el 41 y el 26 por ciento de las especies de anfibios y de mamíferos, respectivamente, serán borradas del mapa en 50 años.

La humanidad fragmenta constantemente el hábitat de infinidad de animales. Los leones, los tigres, las cebras, los elefantes ya no caben en los bosques minúsculos remanentes. La caza furtiva empuja al precipicio de la desaparición a otros pobres, simplemente para robarles sus pieles, sus cuernos, sus manos, sus aletas. La contaminación envenena cualquier forma de vida. Ríos y lagos han sido convertidos en recipientes acuosos desiertos de vida. Junto a los cadáveres animales restan partes de plantas, de bacterias, de hongos, inermes ellos, donde ni el azul acuático sobrevive.

Los humanos representamos un tercio de la masa de los vertebrados terrestres. Los otros dos tercios casi están conformados exclusivamente por las especies de las cuales nos alimentamos: vacas, pollos y cerdos. Los osos, las jirafas, los lobos, las gacelas, los hipopótamos, los jaguares, los koalas, los mapaches y cualquier otra especie que se le ocurra y nombre, querido lector, ocupan sólo el 5 por ciento del total. Urge detener esto, de lo contrario, la Tierra sufrirá un cambio monumental impredecible e irreversible.

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