El Congreso Lagartija
Éste tendrá siempre integrantes de los tres colores, porque así se perpetúan entre todos.
El domingo habrá votaciones y, al fin, terminará la abrumadora, enajenante y elemental propaganda política. Durante las campañas, cada partido político confió en una fórmula para atraer incautos a su secta. Aquél que haya usado la mejor, ganará las elecciones. El problema es inventar una estrategia siempre ganadora. Para ello hay que tomar en cuenta dos cosas. La primera, bastante obvia, se relaciona con el modo de interaccionar con las otras estrategias. Se debe derrotar a todas las demás maneras de actuar. La segunda, menos evidente, tiene que ver con las proporciones.
A veces, el éxito de la táctica depende de cuánta gente la ejercite. Un dilema por el cual todos pasamos fue el de estudiar para un examen o irnos de antro el fin de semana. Cada elección conlleva costos y beneficios. Para la opción primera, los costos son sociales. Al ausentarnos de la fiesta perdemos la oportunidad de ligar con quien nos gusta, de pasar un rato felices bailando, bebiendo y platicando. Los beneficios son académicos: obtener una buena calificación.
Todos —o casi— intentamos encontrar alguna forma de maximizar las ganancias en ambos rubros; sin embargo, no he sabido de alguien que lo haya logrado. Al día siguiente, si es que la cruda le deja llegar, al fiestero no le quedará más que una opción: copiar. Si pocos compañeros de su salón asistieron al baile, entonces las posibilidades de sentarse junto a alguien que sepa serán altas, por ende, pasar el examen también lo será.
Es una estrategia perfecta, uno se divierte, luego copia y pasa. Eso funciona mientras la cantidad de fiesteros-copiones sea escasa. A medida que más alumnos siguen esa estrategia, su eficacia va disminuyendo, porque las posibilidades de quedar junto a un estudioso serán cada vez menores. Si todos se lanzan al fandango, ¿a quién le copiarán? En el tema político, la meta es derrotar a los contrincantes, a todos. Al menos eso es lo que nos dicen. Analicemos un caso reptil a ver si nos ilumina.
Los machos de la lagartija Uta stansburiana, habitante de Baja California, son amarillos, casi rojos (anaranjados) o azules. Según su coloración se comportan de diferente forma para conseguir hembras. Los primeros, gracias a que las hembras también son amarillas, no son detectados por los demás machos y se cuelan subrepticiamente en territorios ajenos (digamos que se camuflan haciéndose pasar como del pueblo).
Los segundos son extremadamente agresivos y dominantes e intentan robar territorios (puede decirse que se apañan muchas casas blancas y de otros colores). Los azules son guardianes de sus territorios (tan celosos son que mandan a hacer presas privadas en ellos). Los amarillos siempre vencen a los rojos, los rojos a los azules y los azules a los amarillos.
Sabiendo lo anterior, nos percatamos de algo interesante. La supervivencia de cada morfo de lagartija reside en no eliminar totalmente a aquél que domina, puesto que ése es el que derrota a su verdugo. El Congreso Lagartija tendrá siempre integrantes de los tres colores, porque así se perpetúan entre todos.
PS: Cualquier parecido cromático con la realidad es mera coincidencia.
