¿Eres nazi?
Los campos de exterminio son quizá el legado nazi más conocido. No es para menos, las atrocidades cometidas en ellos fueron casi insuperables.
En la Segunda Guerra Mundial murieron más de 61 millones de personas; la Unión Soviética fue el país más afectado, con 27 millones de bajas. Por algo, la mítica defensa soviética de Stalingrado (hoy Volgogrado) sentenció de manera grande el destino de las potencias del Eje. En 1939, Alemania, humillada tras el Tratado de Versalles, lanzó la primera dentellada vengadora contra Europa, donde la mayoría de los países fungen como la carne de cañón y otros, los menos, pérfidos ellos, les recorren escalofríos por el pésimo cálculo estratégico que hicieron.
El nacionalsocialismo alemán ha sido desde entonces un tema muy exprimido. Sus técnicas propagandísticas, su acercamiento con religiones paganas, su simbología, la Sociedad Thule, la búsqueda de la Atlántida y de una conexión antropológica con gente del Tíbet, el uso de las runas y del espiritismo, la teoría de la Tierra hueca, son algunos de los tópicos famosos que no tienen que ver directamente con el asunto central e infausto: la guerra.
Los campos de exterminio son quizá el legado nazi más conocido. No es para menos, las atrocidades cometidas en ellos fueron casi insuperables y digo casi porque mientras usted lee el periódico, tranquilamente en casa, cosas más abominables están sucediendo. El primer campo de este tipo se construyó en 1941, en Chelmno, Polonia. Muchos se edificaron en ese desdichado país.
A diferencia de los campos de concentración, como el de Dachau, en donde el objetivo del corral era que los prisioneros trabajasen, en los de la muerte el fin era invocar al Cuarto Jinete. Para ello, los nazis se esmeraron profundamente. Tuvieron juntas exhaustivas donde discutieron cuál era la mejor forma de eliminar a los reclusos. Urgían rapidez y costo bajo. La eficacia alemana sondeó sistemáticamente mil maneras de efectuar la matanza. Repasemos esta creatividad.
Las cámaras de gas fueron numerosas. Primero se usó el monóxido de carbono, que produce una muerte indolora. Luego se cambió por el pesticida a base de cianuro Zyclon B, el cual asfixia lentamente a las víctimas. Una variante consistía en meter a los cautivos en la caja trasera de un camión e inyectarle los gases del escape. De esta forma, cuando se llegaba a la fosa común, bastaba con abrir las puertas y descargar los cadáveres en las zanjas. Ahogamientos, fusilamientos, explosiones, incineraciones y experimentos científicos ejemplifican la inventiva nazi. Además, se informaron bien sobre cómo planificar estos lugares. Auschwitz, entre otros campos de la muerte, fue planificado siguiendo los planos del rastro de Chicago. No hay mucha distinción entre liquidar cerdos o humanos. Al final de la guerra, ningún alemán se declaraba nazi. Sobre los campos, decían no conocerlos, menos aún las barbaries cometidas en ellos: “Yo no fui, fue Teté”. Cooperadores, fariseos y cobardes.
Ahora, en múltiples lugares de México, instalaciones así funcionan con la venia del gobierno y de todos. Se llaman rastros. Allí se asesina de peor manera a cerdos, pollos y vacas. Infórmate sobre cómo se cría y mata la comida que consumes. Exige vidas y muertes dignas. No seas cómplice. No seas nazi.
