Escusado cósmico

Desde que se instauró la intimidad para realizar el oficio humilde, se creó un espacio cerrado donde uno puede meditar sobre cualquier tema.

El pensamiento es hijo de la soledad. Hogaño, el arte de la reflexión pierde inexorablemente su hábitat ante la intromisión de los artilugios electrónicos. Antaño, el periódico y los libros interferían también con las elucubraciones, pero el efecto de móviles y tabletas es abrumador. Desde que se instauró la intimidad para realizar el oficio humilde, se creó un espacio cerrado donde uno puede meditar sobre cualquier tema, si así le apetece, ya sea nimio o trascendente.

Cierto es que las cavilaciones profundas y exhaustivas dependen más de un tránsito intestinal lento que de uno acelerado, simplemente por cuestión de tiempo. A lo mejor la fibra interfiere con grandes avances científicos. Esa amiga del metabolismo es el rival subrepticio del progreso.

Como habrá notado, mi querido lector, estas líneas comenzaron a aparecer mientras me vi atrapado en un escusado. Succionado por la taza. Al abrir el rollo de papel –se había terminado el del dispensador–, leí que cada cilindro tiene 17.6 metros de papel enrollado, divididos en 185 hojas de 9.5 centímetros de largo y 9.9 de ancho. Ni siquiera un cuarto de la longitud de un campo de futbol. Yo creía que eran más largos.

Recordé el calendario cósmico que popularizó Carl Sagan en la serie de televisión Cosmos. El ejercicio es una representación de 15 mil millones de años (todo el tiempo que ha ocurrido desde el Gran Pum hasta la fecha) en 365 días. Lo que se hizo fue ajustar el primer segundo del 1° de enero al momento de la Gran Explosión, y el último segundo del 31 de diciembre, al día de hoy.

Cada jornada de ese calendario equivale a 41 millones de años. De esa manera se puede comprender claramente lo que ha durado el universo y cuánto llevamos nosotros existiendo. Así, por ejemplo, el 2 de octubre aparece la vida en la Tierra –no se olvida–, el 24 de diciembre surgen los dinosaurios –listos para Navidad–, y el 31 de diciembre, a las 22:30, los primeros hombres.

Si hacemos lo mismo con el largo de un papel higiénico, ¿qué pasaría? El cálculo indica que cada cuadrado vale 81 millones de años. Jalar el rollo y cortar una tira de cinco hojas equivaldría a llegar al Devónico, donde todavía no existían los reptiles ni los mamíferos y menos las aves. Apenas se asomaban los anfibios. De todas formas, son tantos millones de años que una simple sección del papel de baño abarca mucho tiempo.

Probemos otro ejercicio. En lugar de tomar la vida del cosmos, usemos los cuatro mil 500 millones de años que tiene nuestro planeta conformado. Cada pedazo representa 24 millones de años. Continúa siendo un intervalo enorme en términos de la historia del Homo sapiens.

Será mejor calibrar el rollo con los 100 mil años que tenemos de existencia. Ahora cada trozo son 540 años. Corto un cacho de cinco secciones. Con la primera se va el momento donde tres carabelas descubren América. Con la segunda, el fulgor de Bizancio. La tercera se lleva la caída de Roma. La siguiente desaparece al creador de una nueva religión. Y con la quinta se evapora toda la Antigüedad clásica.

Lamentablemente necesito otra tira del mismo tamaño. Cinco mil años de civilización yacen en el agua. Bajo.

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