A los morados
Los objetos iluminados reflejan ciertas longitudes de onda del espectro electromagnético visible, conocido vulgarmente como luz, y absorben otras. De este modo es como percibimos sus colores. Una cosa roja, se ve así porque sólo refleja aquella longitud de onda correspondiente al rojo, las demás se las chupa. Es curioso entonces que identifiquemos a los elementos del mundo por lo que repelen y no por lo que se quedan. Sería como definir a las personas por sus fobias más que por sus filias. Los prados y bosques son verdes debido a que no quieren saber nada del tinte ecológico, en realidad la fotosíntesis que realizan la hacen con luz azul y roja, la verde les es inútil. Probablemente, de la misma forma, las personas escogen colores para reflejar las deseadas virtudes de las cuales carecen en su interior.
Los colores tienen una influencia importante sobre nuestro comportamiento. Expertos en mercadotecnia y psicología aseguran que los ambientes pintados de anaranjado obligan a los transeúntes a circular y a no permanecer mucho tiempo en ellos. También incrementan el apetito. En cambio, las habitaciones azules son sitios que inducen tranquilidad e inspiración, aunque a veces pueden llegar a producir tristeza y depresión. El rojo, en cambio, altera de manera drástica el comportamiento, provoca mucha actividad y da energía al observador. Ciertos estudios realizados por las aseguradoras han detectado que los coches rojos chocan con mayor frecuencia que los demás. Tenga en mente esto si planifica adquirir un auto colorado —el que menos choca es el plateado. Es posible que uno sea más intrépido cuando se trepa a un bólido rojo que a uno crema. Y, por la misma razón, los conductores que se ven rebasados por un auto rojo Ferrari tenderán a las carreritas con mayor frecuencia que cuando se les rebasa en un aburrido coche café. El amarillo es un color chillón, por algo existe el dicho: “Aquella que viste de amarillo, mucho confía en su belleza”. Las señalizaciones importantes en calles y carreteras se iluminan con él. Según investigaciones sobre el tema, se ha comprobado que el ojo humano detecta al amarillo antes que cualquier otro color.
Existe un color del cual ya nadie habla: el púrpura. Pregunte a sus amistades sobre sus colores favoritos. No figurará dentro de las preferencias. Se define como un color extra-espectral, porque se fabrica mezclando rojo y azul, que sí son espectrales, ya que aparecen en el arcoíris. En la antigüedad, griegos y romanos lo vestían como símbolo de estatus. Sacaban el tinte, llamado púrpura de Tiro, del caracol marino Murex brandaris. El animal lo usa para defenderse de sus depredadores y para atacar a sus presas. Secreta una cantidad ínfima, por lo que teñir ropas con él se vuelve oneroso. Se dice que para producir un gramo de púrpura se necesitaba la friolera de nueve mil moluscos. Queda claro que no cualquiera podía portar un diseño de última moda griega purpúrea. En México existen caracoles con los cuales se entintan huipiles en Chiapas y Oaxaca desde la época prehispánica. La especie que se usa más es el caracol púrpura (Plicopurpura pansa). Como su pariente mediterráneo, es tacaña, apenas se pueden obtener unos mililitros de cada espécimen. A ellos es posible succionarles la tinta sin matarlos, al contrario de los europeos desgraciados que se dejaban en tinajas para que se pudrieran.
En cuanto a los estandartes, el púrpura se ha extinguido. Ninguna bandera se enciende con él. La última de su especie nació un día como hoy, 14 de abril, de 1931. Oficialmente murió en 1939, tiñiendo los corazones de unos irreductibles que aún purpuran lo que no ha sido.
