Ojo por ojo, árbol por funcionario

Sabemos que muchas obras en el DF son sospechosas, obsoletas y están importadas.

Cualquier sociedad sustenta su éxito de supervivencia en la implantación y el seguimiento de ciertas reglas básicas de convivencia. El saco de reglas es ominoso, como en cualquier dictadura, o liviano, como en los gobiernos liberales, pero ya sea costal o monedero, un conjunto mínimo de preceptos ordenadores debe de existir. Las leyes generales se inventan o son la manifestación de un sistema autoorganizado.

Existen dos formas conscientes para encauzar a los integrantes. Por convencimiento, en donde el sujeto está de acuerdo con los lineamientos porque percibe ventajas seguras en ellos que de otro modo podría no tener o que le resultasen más caras. Por coerción, amenaza que obliga a cumplir las normas. Ambos casos necesitan de un aparato vigilante y castigador, ya que la naturaleza no hace a todos iguales para mantener la palabra, resistir las tentaciones y amar la irracionalidad ni tampoco para soportar una vida de represión.

Definir los castigos a los desobedientes es un elemento central. El código de Hammurabi, el “ojo por ojo” bíblico y la ley del talión son paradigmas de sanciones primitivas. Hacían legal la venganza. Por eso un hueso roto se castigaba con otro hueso roto. Un hijo muerto, con otro asesinado. Hoy, si un ebrio choca mi auto, no llamo a la aseguradora para que le abollen su carro exactamente igual al mío —aunque a veces dan ganas. Nada percibo con la vendetta. Prefiero la reparación del daño y, en caso de que el chocador mareado carezca de medios, podría obtener uno de sus coches como compensación. Pero ¿qué pasa si mi pareja muere en el siniestro? Allí no existe enmienda. Matar a la suya no me devolverá a la mía y quedarme con su mujer tampoco; además, puede salir contraproducente, qué tal si ella es la causa de que el susodicho ahogue sus penas en alcohol, y al aceptar a la bruja estaría haciéndole un favor. Entonces, ¿cuánto cuesta mi compañera? ¿Se tasa por peso —¡las gorditas se cotizan!—, por belleza, por simpatía? Por ello, la justicia es complicada y, como en la medicina, siempre se debe priorizar la prevención sobre la corrección. El mismo razonamiento aplica para la biodiversidad.

Desde hace días existe un descontento generalizado entre los vecinos de las colonias cercanas al sitio donde se pretende construir un túnel en Insurgentes y Mixcoac. Incluso han recurrido a entorpecer las obras, el Gobierno ha respondido con policías. Los colonos protestan porque muchos árboles están siendo talados, lo cual afectará al ambiente y la reparación del daño es dudosa. Sabemos que muchas obras en el DF son sospechosas, obsoletas y están importadas de países diferentes, donde ya colapsaron, como muestra basta repasar la Línea 12, los segundos pisos o el Metrobús. Si un funcionario competente e informado les explicara a estas personas la manera en que se restituirá el entorno, basándose en estudios serios y transparentes para que los evaluaran, otro gallo cantaría. Grima da oír las explicaciones de la secretaria del Medio Ambiente del DF, Tanya Müller, al respecto. Las justificaciones científicas que esgrime son principalmente dos. La primera dice que los árboles están enfermos. Dudo que cualquiera de los funcionarios metidos en este brete maten a sus parientes cuando se infectan. La segunda explica que, como existen eucaliptos entre los vegetales sentenciados, y estos tienden a desgajarse en época de vientos, será seguro eliminarlos. ¿Por qué no se quitaron antes?

Esta impericia política y ambiental demuestra incapacidad. Ojalá se sustituyera a los políticos con la misma facilidad con la que se dispone de la vida de un árbol. Ojo por ojo, árbol por funcionario.

Temas: