El libro más misterioso del mundo
Cuando Europa y América se fundían, Bizancio caía ante la cimitarra y la pintura cambiaba su perspectiva, un sabio escribía un texto con caracteres nunca antes vistos. A la par, decoraba las páginas con dibujos de plantas, mujeres desnudas y constelaciones, usando la ...
Cuando Europa y América se fundían, Bizancio caía ante la cimitarra y la pintura cambiaba su perspectiva, un sabio escribía un texto con caracteres nunca antes vistos. A la par, decoraba las páginas con dibujos de plantas, mujeres desnudas y constelaciones, usando la paleta del verde principalmente, aderezada por azules profundos, amarillos, ocres y dorados. Con caligrafía cursiva y diestra llenó las casi 200 páginas. Escrito al alba del Renacimiento, desapareció en 1666 —cifra sugerente— durante un par de centurias, para ser vuelto a descubrir en la Villa Mondragone, reducto jesuita ubicado a 20 kilómetros al sudeste de Roma, a principios del siglo XX. Este volumen es el Manuscrito Voynich.
Decidido a encontrar algo sobre los libros malditos mencionados en la columna de la semana pasada, pensé que sería complicado hallar cualquiera en la FIL de Guadalajara. Lo cual fue cierto para todos, excepto para uno. Durante mi primer día de exploración di con él por azar. Allí estaba, pesado, con su portada negra y un par de dibujos en rojo y azul. Lo compré, salí, crucé la Avenida de las Rosas y me introduje en el restaurante de mi hotel. Ordené. Mientras esperaba el arribo de la rica crema de elote, lo hojeé y pude apreciar todas las páginas que constituyen este escrito alienígeno.
Wilfred Voynich es quien da nombre al libro porque carece del abolengo típico de los tomos: título y autor. Según se cuenta, perteneció a varios grupos revolucionarios que pretendían independizar a Polonia de Rusia, fue enviado a Siberia, desterrado. Logró escapar y llegar a Londres, donde contrajo matrimonio con la hija de George Boole, el matemático inglés creador del álgebra binaria, básica para la operación de las computadoras. Allí empezó su actividad como comerciante de libros antiguos. En 1912 compró el manuscrito a unos jesuitas, actualmente forma parte del acervo de la Universidad de Yale.
El ejemplar ha sido atribuido erróneamente a Roger Bacon y hasta a Leonardo da Vinci. La datación con carbono 14 mostró que fue creado alrededor de 1470, eliminando al inglés como creador. Muestra dibujos de plantas llegadas a Europa al regreso de Colón, con lo cual se retarda aún más su origen. El gran enigma del compendio reposa sobre un alfabeto indescifrable y un idioma desconocido. Por sus dibujos se ha pensado en que puede ser un manual de herbolaria, de astronomía, de alquimia, inclusive un grimorio.
El manuscrito ha sido estudiado intensamente por múltiples criptógrafos expertos, incluidos aquellos en descifrar códigos militares. Hasta el día de hoy, permanece como el único libro medieval insondable. Nadie ha conseguido descubrir el significado del voynichés. Con lo cual se ha convertido en el reto más famoso de la criptografía.
Algunos descubrimientos y situaciones interesantes son los siguientes. La entropía del texto es bajísima, el único lenguaje similar es el hawaiano. Analizando el estilo de caligrafía, se detectó que fue realizado por dos personas, aunque posteriormente se substituyó por el hecho que fue una misma mano quien delineó toda la obra, pero con muchos años de diferencia.
El frogguy es un lenguaje inventado para estudiar al voynichés (cuya fuente computacional es EVA Hand 1). Consiste en sustituir cada una de sus letras por una del alfabeto romano. Otros investigadores han sugerido que tal vez no se ha podido descifrar porque no es más que un engaño; no obstante, el texto sigue la ley de Zipf, típica de cualquier lenguaje natural. Los artificiales, como el klingon o el élfico, no lo hacen.
¿Qué inteligencia lo inventó? ¿Por qué tanto celo en proteger su contenido? ¿A quién está dirigido?
