Winnie Pooh es un degenerado

Grupos conservadores consideran al oso como una influencia maléfica.

El simpático y tragón oso Winnie Pooh tendrá que hacer caso omiso a las acusaciones de ciertos funcionarios públicos y habitantes de la ciudad de Tuszyn, Polonia. El comportamiento de nuestro querido plantígrado color amarillo siempre ha sido ejemplar. Desde que nació, en 1914, no se le conocen líos amorosos, como al cada día más funesto presidente francés François Hollande, un socialista de aparador. Tampoco se le ha acusado por delitos fiscales, tal cual sucede con la infanta española Cristina. Y menos aún por comprar una mansión en la Ciudad de México, de una forma donde el conflicto de intereses fulgura, evento al que intenta responder Enrique Peña. No, la vida de Pooh es impecable. Si acaso se le puede recriminar ligeramente por ser un goloso, pero todos sabemos que ese comportamiento nunca lo ha ocultado, al contrario, él se declara un amante de la miel y de la buena vida. Hasta el día de hoy, eso no constituye delito alguno.

El asunto brincó a los medios, porque retiraron a nuestro regordete bon vivant como imagen de un parque de diversiones infantil de la mencionada ciudad polaca. Grupos conservadores consideran al oso como una influencia maléfica para los niños. La ciudadana Hanna Jachimska, cuyo nombre es tan complicado como sus traumas sexuales, acusó al dibujante del personaje, Alan Alexander Milne, de cortar los testículos al oso con una navaja, debido a un supuesto problema de identidad sexual.

No quisiera saber los entuertos que podría decir de los creadores de Robin o Superman, héroes que visten mallas cuando salvan al mundo. Para atizar la estulticia, Ryszard Cichy, representante de los habitantes del lugar, se dijo indignado, porque Winnie no usa ropa interior y está medio desnudo. Afirmó que no la usa, porque no tiene sexo. Ojalá que este sujeto alguna vez visite las Tierras Altas de Escocia y transmita esa queja a los lugareños, quienes bajo sus kilts (faldas) usan el Pooh style. Le aseguro que pocas ganas de regresar allá le quedarán. Además, Cichy se despachó con otro comentario para el Guinness de la idiotez. Dijo que, como carece de género, el osito es un hermafrodita. En este sentido, el individuo no sólo posee un cráneo semivacío, sino que, encima, deslumbra por su ignorancia en materia biológica.

Una criatura hermafrodita posee órganos reproductores masculinos y femeninos. Por ejemplo, si es un animal, se comporta en la alcoba como macho, penetrando, y como hembra, siendo penetrado. El dicho “Dando y dando, pajaritos volando”, es una metáfora perfecta. Algo perverso de visualizar con nuestros cuerpos unisexuales. Los caracoles, las estrellas de mar y las lombrices son ejemplos familiares de este tipo de ser viviente.

En la naturaleza sucede otro caso de compartición de géneros espectacular y menos conocido. Los llamados ginandromorfos (giné, mujer; andrós, hombre; morphos, forma) son casos de mutantes extraordinarios en los cuales un espécimen presenta características de macho y de hembra en conjunto, pero de una manera peculiar resulta que la mitad del cuerpo es femenina y la otra masculina. Para imaginarnos eso pensemos en que, por decir algo, nuestro lado derecho es un caballero. Esa mitad tendrá barba en la cara, espalda ancha, vello corporal, caderas estrechas, un testículo y un pene. La mitad izquierda, la de damisela, no poseerá barba, su espalda será estrecha, poseerá un seno, cadera ancha, nalga prominente, un ovario y una vagina. Se conocen ginandromorfos en crustáceos e insectos, incluso en aves; hasta ahora, no se han encontrado en mamíferos.

Lástima que los niños de Tuszyn tengan a esos adultos cerca. El vicio está en la mente de quien mira.

Temas: