La maldición de los gatos negros

Algunos grupos satánicos adoptan felinos para realizar misas negras.

Kinga Schneider, director de Arca de Noé, principal refugio de animales en Hungría, ha determinado suspender las adopciones de gatos negros entre mediados de octubre y mediados de noviembre. Se ha descubierto que en Budapest, y otras ciudades húngaras, algunos grupos satánicos adoptan felinos para realizar misas negras. En ellas, los mininos son sacrificados salvajemente en honor de Satanás. ¿El Diablo?, pero si es una invención, una metáfora. Si existiera, estaría doblado de la risa al ver las estupideces que se hacen en su honor.

Desgraciadamente no hay que cruzar el Atlántico y Europa Occidental para encontrar a este tipo de cretinos subdesarrollados. En el Panteón Francés de la Ciudad de México, Aurora, extrabajadora del lugar, intenta detener la matanza de gatos allí. ¿Qué produce tal comportamiento deleznable y retrógrada? En columnas posteriores analizaremos esta dinámica, pero sin duda su génesis yace en la ignorancia y la manipulación.

Los seres humanos somos supersticiosos. Hemos descubierto la energía atómica y evitamos abrir un paraguas dentro de casa. Alcanzamos la superficie de la Luna y rechazamos el salero directamente de manos de un comensal. Abrir un paraguas en la Luna o liberar la energía de granos de sal, ¿serán de mala suerte? De esas boberías a sangrar animales, incluyendo humanos, existe un brinco abismal. La crueldad humana es recurrente e independiente del desarrollo científico y artístico de una sociedad. La idea de que surge del nacionalismo la trataré posteriormente. Ahora lo que nos ocupa son los micifuces y su venganza.

Durante la Edad Media se asoció a los gatos con ritos paganos. El cristianismo, siempre medroso, como todas las religiones, declaró a los felinos personajes maléficos y comenzó su erradicación impía de Europa.

Lejos de allí, en Asia, moraba un pequeño ser, una bacteria. Hoy se le nombra Yersinia pestis. El germen habitaba adentro de las ratas, donde les ocasionaba frecuentemente una muerte negra. Los roedores se contagiaban por medio de pulgas, como la de la rata negra (Xenopsylla cheopis). Cuando el insecto chupa sangre del pobre roedor, el microorganismo aprovecha para infiltrarse en el cuerpo de la víctima. Así vivían estos tres seres asiáticos.

Al compartir territorio con nosotros, la pulga, siempre ávida de sangre, un día picó a alguien. Allí se introdujo el microbio en cuerpos humanos. En 1347 se desata una epidemia de peste negra entre los ejércitos tártaros y venecianos que cercan a los genoveses en Caffa, Crimea. A manera de arma biológica, lanzan los cadáveres hacia la ciudad sitiada. Al salir del asedio, los barcos de Génova diseminan la enfermedad llevándola a puertos mediterráneos. Sabiendo lo anterior, se les impide atracar a los desgraciados que continuaban vivos, condenándolos a morir en barcos fantasma. Pero al no haber aduana para roedores, las ratas sí bajan e infectan a sus abundantes congéneres que viven felices ante la ausencia de gatos. Se cuenta que varias de las carracas, navegando al pairo, llegaron con sus tripulaciones muertas, necrosadas. Como si hubiesen transportado al mismísimo conde Drácula.

La peste negra devoró Europa en cuatro años. Mató a 25 millones de personas, un tercio de la población. La gente rogaba a Dios por su salvación. Otra quimera. El destino distinto hubiese sido de existir mininos. Exterminados por ser hijos del Demonio, no pudieron detener a las ratas, reservorio natural de la bacteria asesina.

¿Quiénes fueron los diabólicos, los gatos o sus acusadores?

https://www.change.org/p/vigilancia-en-panteón-francés-para-proteger-gatos-compromiso-x-escrito-y-a-cumplir-delegacionmh/u/8580259

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