¡GPS para el punto G!

Su uso es sencillo y personal, aunque sí se requiere un ánimo cachondo.

                Para María G. G.

Amorosa lectora, si le desespera explicar a su terca pareja cómo llegar a la boda, al restaurante, a la reunión o a cualquier otro evento, cuando el susodicho cree que se las sabe de todas todas y no atina a llegar, supongo que será un calvario si las indicaciones tratan que dé con su zona paradisíaca. ¿Cansada de estar instruyendo a su amante dónde hay que posicionarse para llevarla a la ingravidez? La nueva aplicación, llamada GGPS, para dispositivos electrónicos móviles, está rompiendo todas las marcas en ventas y haciendo millonarios a sus desarrolladores.

Debido a las descargas masivas, los servidores se han saturado y caído algunas veces, cosa que ya no sucederá, dicen los administradores. El invento consiste en una base de datos considerable, un detector metálico, un algoritmo matemático probabilista y un sistema de sintonización sonora.

Su uso es sencillo y personal, aunque sí se requiere un ánimo cachondo. Recostada la fémina boca arriba, se coloca el teléfono o tableta electrónica sobre el pubis a una distancia exacta del ombligo. Se toma un anillo, se introduce en la vagina y cuando se haya colocado en el punto G, se dice en voz alta “allí” —con un grito basta—. En ese momento, la aplicación registra las coordenadas de su interruptor erótico, cual Google Maps.

Si la señorita es neófita y desconoce dónde posee el suyo, GGPS puede ayudarla a descubrirlo. El procedimiento es idéntico, con la excepción de que el artilugio le indicará dónde posicionar el aro, mediante un tono variable en volumen como guía, y cuáles zonas recorrer según una base de datos con la posición de miles de puntos G de otras mujeres.

De esa forma, explorará los lugares donde haya mayor probabilidad de encontrarlo. En cualquier caso, una vez registrado su punto G, bastará que su pareja descargue GGPS para luego mandarle por wifi la dirección del íntimo paraje. Así, la próxima vez que sienta cosquillas lujuriosas, nada tendrá que indicar, sexy lectora, a su cómplice amoroso, él o ella llegarán inequívocamente al sitio siguiendo el mapa en su aparato —el electrónico—. Esperemos que no sean de los despistados.

Le ofrezco disculpas miles por haberle mostrado este anuncio sustraído de un diario que tal vez aparezca hasta 2015. El futuro de la aplicación reposa ahora sobre una base menos firme, por la noticia reciente en la cual un grupo de científicos dice haber demostrado la inexistencia del punto G.

La polémica sobre ese sector es añeja. Recibe su nombre por Ernesto Grafenberg, ginecólogo alemán, quien lo descubrió en los 40. Se trata de una zona de gran sensibilidad erógena, ubicada internamente detrás del pubis, mencionada por muchas damas; sin embargo, anatómicamente no existe. Aunque escasos estudios apuntan que sí es posible detectarlo físicamente.

La sexualidad femenina es diferente a la masculina. Basta una fotografía para llevar a un hombre al éxtasis. Una mujer necesita estimulaciones mentales. Por eso, “bajar lunas y estrellas” funciona con ellas; mientras que presumir monumentales cuerpos esféricos —que no planetas—, con ellos. ¿Acaso el punto G está en el cerebro? Quizás el enfoque biológico pueda ayudarnos con la disyuntiva. Una característica ubicua en los seres vivos consiste en la variación. Los individuos de una población no son iguales, varían. Por ejemplo, algunos jaguares y leopardos son totalmente negros por mostrar un exceso de pigmentación. Ciertos machos de avispas del higo nacen con mandíbulas enormes y otros con alas. ¿Será que dentro de la población de chicas humanas, sólo algunas poseen este botón de encendido libidinoso?

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