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IMPERDONABLES ¿Cuáles son pecados imperdonables? La desesperación creer que el mal de uno está más allá del perdón de Dios; la presunción gloria sin mérito, es decir, esperanza de salvación sin guardar los Mandamientos, o expectativa de perdón por el pecado ...

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

IMPERDONABLES

¿Cuáles son pecados imperdonables?

La desesperación (creer que el mal de uno está más allá del perdón de Dios); la presunción (gloria sin mérito, es decir, esperanza de salvación sin guardar los Mandamientos, o expectativa de perdón por el pecado sin arrepentimiento); envidia, envidiando la bondad de otro (tristeza o arrepentimiento ante el crecimiento de otro en virtud y perfección); obstinación en el pecado (perseverancia voluntaria en la maldad y huyendo del pecado al pecado, después de suficientes instrucciones y admonición); impenitencia final (morir sin confesión ni arrepentimiento por los pecados); impugnar la verdad conocida (para argumentar en contra de los puntos conocidos de la fe, y esto incluye tergiversar partes o toda la fe cristiana para hacer que parezca indeseable).

Uno de estos es en verdad imperdonable.

ANA ROSA MORENO

Es la segunda vez que le escribo y me pareció excelente su artículo de ayer. Trabajo salud ambiental y me permito enviarle esta noticia que recién salió en El País. Insisto con mis alumnos en que debemos conocer y ser cuidadosos con aquellas acciones y situaciones que impliquen riesgos para la salud a corto, mediano y largo plazos. Estoy segura de que este artículo será de su interés.

Con otra edad y madurez ahora disfruto sus editoriales, antes lo hice con su señor padre. En aquel entonces me preguntaba cómo hacía para obtener información tan variopinta y útil. Desde que empecé a leer, el periódico era mi fuente de información diaria. Como era pequeña (me quedé petite...) no podía mantener las hojas del periódico abiertas como un adulto, por lo que ponía el periódico en el sillón de la sala, me hincaba (sobre un cojincito para no cansarme) y ahí iba leyendo y pasando las páginas. Diría mi abuelita: “la necesidad es la madre de la inventiva”.

Dos pensamientos:

Uno.– Qué agradable leer su nota que me llevó a mi infancia: extendiendo el periódico en la mesa del antecomedor, hincado en la silla leyendo en voz alta a mi abuelita.

Dos.– El documento acerca del pediatra e investigador Leonardo Trasande y su libro recién publicado (Más enfermos, más obesos y más pobres); Sicker, fatter, poorer, en el que explica qué se puede hacer para evitar los productos químicos que nos rodean y con los que nos jugamos la vida diariamente. Lectura recomendada para todos los adultos que sepan leer y que valoren su vida y la de sus seres queridos.

En los últimos cien años hemos progresado en la cantidad de alimentos que producimos,  en la variedad de los mismos. La ciencia ha ayudado a que la tierra sea más productiva, las semillas más resistentes y tengamos mejor nutrición. Pero paralelo a este desarrollo se ha incrementado el uso de químicos tales como pesticidas, antibióticos y hormonas en la agricultura de plantas y animales para aumentar la producción y asegurar un suministro adecuado de alimentos. Lo cual, en primera instancia, reditúa mayores beneficios económicos para las grandes industrias cuya responsabilidad social es para los dueños y accionistas, no para los consumidores.

Así, nos encontramos con que estamos comiendo plásticos, en casa estamos rodeados de contaminantes en los desodorantes, desinfectantes, aromatizantes, en los productos secundarios de la preparación de alimentos, productos de belleza y limpieza y no nos detenemos a cuestionar este medio ambiente que hemos creado al aceptar sin polemizar su origen y sus consecuencias y que no respeta ni paredes ni niveles sociales. Asumimos que las autoridades nos protegen, pero ¿en dónde está nuestra responsabilidad personal?

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