Universalidad en servicios de salud, difícil pero factible
En nuestro país es fácil encontrar casos de avances impresionantes y paralelamente situaciones de rezago inaceptables.
SALUD. México es típico ejemplo de enormes contrastes y desigualdades. Las transiciones económica y demográfica, la epidemiológica, como también la democrática o la que se está percibiendo en la estructura social, no han impedido la reproducción nacional de brechas entre los que tienen todo, hasta lo superfluo, y quienes carecen de todo, hasta de lo indispensable. En algunos aspectos incluso, podría decirse que esas mutaciones han colaborado a la extensión de estas fallas que forman un panorama de inseguridad generalizada. En nuestro país es fácil encontrar casos de avances impresionantes y paralelamente situaciones de rezago inaceptables. También es sencillo documentar con datos duros la existencia de las paradojas y las distancias que caracterizan a la sociedad mexicana del presente. Cualquier análisis de la salud y de la seguridad social requiere tener presente varias realidades del país, comenzando con la referente a la transición demográfica, recordando que sólo en 50 años nuestra población se multiplicó casi cuatro veces, al pasar de poco más de 25 millones de personas en 1950 a casi 100 millones al iniciarse el presente siglo. Los grupos extremos de la pirámide poblacional se modificaron. En lo referente a nuestros habitantes de 65 años o más, mientras que en 1970 teníamos un millón 790 mil en ese rango de la tercera edad, para 2010 ya teníamos a 7.5 millones.
Os recuerdo que a mayor edad, mayores son las posibilidades de afectarse por enfermedades crónico degenerativas (como la diabetes, la hipertensión y el cáncer), las cuales, amén de la gran morbi-mortalidad que les acompañan, generan enormes desembolsos públicos y privados para tratar de curarlas. También hay que considerar que en 1950 cerca de 60 por ciento de la población vivía en una localidad rural, lo cual representaba 15 millones de personas en esa ubicación; hoy la ruralidad sólo abarca el 23% de los habitantes, pero dado el crecimiento de la población en general, ahora incluye a 24 millones de compatriotas en zonas rurales en condiciones de pobreza y de lejanía geográfica, agravada por la dificultad para llegar a ellas.
Os comento que desde los inicios del presente sexenio hay indeclinables propósitos del presidente Peña Nieto y de quien oficialmente encabeza el sector salud, Mercedes Juan, por alcanzar la universalidad de los servicios de salud; objetivo difícil de alcanzar pero factible de conseguir. Requiere, entre otras faenas, hacerle modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, que segmenta a los trabajadores en dos grandes rubros: asalariados y no asalariados. Dentro de los primeros están los que reciben sueldo por laborar en el gobierno y de quienes lo perciben de fuentes no gubernamentales, que conlleva un tipo de relación obrero-patronal diferente y, además, propicia la duplicidad y hasta la triplicidad de servicios de atención médica. Los no asalariados crean otros tipos de problemas que hay que salvar para que cuenten con un apropiado tipo de dicha atención.
TRES APOSTILLAS. El gobierno de la Ciudad México, consciente de la importancia que tiene el desarrollo de la ciencia, tecnología y la innovación como eje primordial para la construcción de una sociedad más próspera, ha dado un paso trascendente en esa materia al crear la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del Distrito Federal, acción que representa el interés por parte del jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera para hacer del Distrito Federal una “Ciudad con Ciencia”. Una ciudad que promueva, reconozca e incentive el esfuerzo de las y los científicos y tecnólogos mexicanos y extranjeros que, con su trabajo intelectual, buscan impactar positivamente en las condiciones de vida de la población capitalina. La ahora Secretaría de Ciencia y Tecnología del DF creó en el año 2007 los Premios Heberto Castillo de la Ciudad de México, con el fin de reconocer la trayectoria de las mujeres y los hombres que a través de su trabajo en la ciencia y la tecnología han hecho aportaciones relevantes al conocimiento universal, que a la vez son útiles para la sociedad. El premio lleva el nombre del ilustre ingeniero mexicano que por más de 20 años compartió sus profundos conocimientos en ingeniería —que lo condujeron a inventar la Tridilosa, que permite el ahorro en 60% del concreto cuando se emplea en la construcción de edificios, puentes, presas y otros tipos de obra— tanto en la UNAM como en el IPN. Mañana, lunes 25, este premio, correspondiente a 2013, será entregado merecidamente al doctor Juan Ramón de la Fuente, ex secretario de Salud y ex rector de la UNAM, por su fecunda trayectoria dentro de la ciencia, especialmente dentro de la siquiatría. Enhorabuena. SALUD Y SALUDOS.
