Analiza el PRI reelección de Mariana
Los jerarcas tricolores concluyeron que existen los suficientes resquicios legales para que la actual dirigente pueda extender su mandato.

Adrián Rueda
Capital político
Aunque nadie se los ha dicho oficialmente, en el ánimo de varios priistas está la idea de que, desde el CEN, les quieren imponer la reelección de Mariana Moguel Robles como presidenta del PRI en la capital.
Y es que después de darle vueltas al asunto, los jerarcas tricolores concluyeron que existen los suficientes resquicios legales para que la actual dirigente pueda extender su mandato, incluso por otros cuatro años.
Luego de la reunión del miércoles con Enrique Ochoa y Claudia Ruiz Massieu en la sede nacional de su partido, la fracción tricolor en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) salió con la idea de que, en breve, el CEN nombraría a un delegado en la Ciudad de México para iniciar el proceso de renovación.
El periodo oficial de Marianita terminó en diciembre pasado y, por estatutos, el PRI está obligado a llamar a nuevas elecciones. Aunque la actual presidencia está “en falta”, el partido permite prolongar su tarea por 90 días, que se cumplen en abril próximo.
Y aquí es donde pudiera estar la trampa, porque si Moguel renuncia antes del seis de abril, podría ser elegible para un periodo ordinario de otros cuatro años, sin importar que haya sido presidenta.
Si bien es cierto que los estatutos del partido no permiten la reelección del cargo, hay un apartado que indica que si alguien llega como sustituto y no excede 18 meses en la presidencia, puede postularse por un nuevo periodo.
Justo es la situación de Marianita, lo cual no quiere decir que sea un hecho, pero sí una gran posibilidad.
Para quienes suponían que el CEN iba por la imposición de un delegado en funciones de presidente, habrá que decirles que en la última Asamblea Nacional el partido acabó con esa figura, porque el tribunal electoral siempre les daba palo ante cualquier impugnación.
Lo que el PRI nacional sí puede hacer es nombrar a un delegado que, a la vez, tenga el encargo de dirigente provisional por un periodo máximo de dos meses, en tanto se opera la renovación de la dirigencia.
Y sacando cuentas, a principios de junio, como máximo, el PRI capitalino tendrá nuevo presidente o presidenta, lucha en la que, por estatutos, no está descartada la hija de Rosario Robles, con todo lo que ello signifique.
Sea cual sea el camino, los tricolores tendrán que aplicar lo que durante tantos años hicieron muy bien: llegar a un acuerdo político para que no se despedacen en una elección interna y terminen con lo poco que les queda en la ciudad.
CENTAVITOS… A muy pocos sorprendió el regreso de Alejandra Barrales al Senado, pues era una jugada cantada que su presencia física como presidenta del PRD obligue a sus colegas disidentes a pensar un poco antes de actuar. El intento parece bueno, aunque sus asesores no están considerando dos cosas; una es que jalan a su grupo, en el Senado, el escándalo inmobiliario y de supuestas deudas en que Barrales está metida, lo que, sin duda, les incomodará. La otra es que, lejos de permitirle bajar el perfil, la presidenta estará en la lupa para ver si asiste a las sesiones y al mismo tiempo cumple con la pesada agenda política que trae su partido, sobre todo en los estados que hay elecciones; aquí es donde la apuesta luce de alto riesgo… Y, por cierto, si el PRD cree que sólo Alejandra saldrá perjudicada si las cosas no terminan bien, se equivoca; sus pleitos internos terminarán beneficiando aún más a Morena, partido que no ha hecho nada más que esperar que entre los amarillos se destruyan y cachar lo que les va cayendo.