¿Qué traen contra los chapulines?
Son indefendibles, pero no culpables; más bien no les queda de otra.

Adrián Rueda
Capital político
Como si fuera algo nuevo, todo mundo se hace el sorprendido e indignado por los llamados chapulines de la política, que dejan una tarea sin acabar para ir en busca de otro cargo de elección popular.
Eso ha sido siempre y quienes más han estado en la mira son los delegados, que a dos años de haber llegado el cargo lo abandonan para postularse a diputados, con la clara intención de buscar la protección del fuero, pero también la continuidad en su carrera política.
Por supuesto que la mayoría son indefendibles, pero en realidad no son culpables del chapulineo; más bien no les queda de otra.
Primero porque la ley los obliga a retirarse antes de tiempo si quieren seguir su carrera en otro cargo de elección. Es decir, la ley está mal, pero a eso hay que sumarle que se atreven a dar el salto, porque la gente les sigue dando sus votos, aunque después se queje.
¿Qué pasaría si, como en otras democracias, los políticos buscan reelegirse o llegar a otro cargo diferente sin tener que renunciar antes? La mayoría dirá que los funcionarios aprovecharían los recursos y estructura para promoverse y operar, y tendrían razón.
¿Y si en lugar de verlo así se les obliga a terminar para ver si trabajaron bien, si cumplieron sus promesas, si no han robado y si la comunidad los cobija para que los apoyen en las urnas para una nueva encomienda?
Porque si bien es cierto que la mayoría de los políticos mexicanos son unos abusivos, transas y ventajosos, también lo es que los ciudadanos les ponen en charola de plata los votos cada elección, hayan sido buenos o malos gobernantes.
Claro que está mal que dejen inconcluso un trabajo para buscar otro, pero sería muy injusto que tuvieran que frenar su carrera política una vez que ganaran una elección; tienen que irse antes justamente para no violar la ley.
Aunque por supuesto le exageran y se ven ridículos haciéndose los ofendidos, porque la IP y la Iglesia les llaman chapulines. Que se den de santos que no los llamaron rateros, porque ahí sí no se hubieran podido defender.
A quienes se debería criticar es a los que cada tres años cambian de curul sin apostar nada y sobre todo sin ganar una elección, sino que se la pasan de plurinominal en plurinominal, vegetando y cerrando espacios a las nuevas generaciones.
De esos chapulinzotes hay en todos los partidos y ejemplos sobran: Fernando Espino, hoy del PRI, lleva más de 20 años dando saltos con diferentes partidos sin aportar nada; Federico Döring, del PAN, desde hace 15 años no se ha bajado de una curul.
Alejandro Encinas o Pablo Gómez —apenas hizo una pausa esta Legislatura— por el PRD; Arturo Escobar, del PVEM, y un largo etcétera que en realidad sí son chapulines, porque van de un lugar a otro sin pasar por las urnas.
CENTAVITOS… Donde ya se pusieron las pilas sobre el tema de los dineros que les quiere hacer perdedizos el Ficrea es en el Tribunal Superior de Justicia del DF, pues los chicos de Edgar Elías Azar están urgiendo a la Contraloría para que le meta velocidad a sus investigaciones, pues no permitirán que ese dinero —que, por cierto, no es parte del presupuesto— se pierda. Dicen que los auditores ya traen algunos datos de por dónde pudo hacer agua la operación… Quien no se cansa de tirar golpes al aire es Armando Quintero en su loca idea de regresar a la delegación Iztacalco. Como eje de su precampaña el exdiputado perredista se ha dedicado a difundir panfletos en contra de la delegada con licencia, Elizabeth Mateos, queriéndola implicar en malos manejos. Para su desgracia en Iztacalco aún se acuerdan de él cuando fue delegado y más aún cuando fue titular de Setravi con Marcelo Ebrard y desde ahí patrocinó un sitio de taxis pirata para su hermano por el rumbo de Las Águilas. Quizá por ello Quintero no reúne más de 50 gentes por evento; todos saben que lo que en realidad busca es que le regalen una diputación, pero no la vale.