Cassez, en primera y sin escalas
La liberación de la francesa cayó como tabla de salvación. Sólo eso explica el desbordamiento por honrar a una secuestradora.
México y el mundo le deben mucho a Francia. Sus aportaciones a la cultura, la política y la ciencia son incalculables. La lista de franceses admirables es interminable: Montesquieu, Pasteur, Braille, Curie, Sartre, Descartes, Victor Hugo, Dumas, Camus, Bardot. No obstante la deuda global con la cultura francesa, lo hecho a México en el caso Cassez es reprobable. Ya se ha dicho todo con relación al asunto. Solamente que la recepción a Cassez en París como heroína, la nueva Juana de Arco, parece más bien un circo para desviar la irritación del pueblo francés. Enviar dos ministros a recibirla al aeropuerto, hospedarla en el hotel de los visitantes oficiales distinguidos, pasar su imagen en la televisión todo el tiempo imaginable y hasta recibirla el mismo Presidente francés con su compañera no es casual.
Hace unos días Francia había organizado una guerrita contra los islamitas en el desierto de Mali, lo que preocupa mayormente a los franceses, a los soldados y a sus familias. Francia es un gran país, pero no está en el mejor momento: ocho millones de personas viven en la miseria y comen gracias a la “sopa popular” que ofrece el gobierno (quieren pan, pues denles pasteles). Cientos de fábricas cierran y el desempleo crece día a día. Por ello la liberación de la francesa cayó como tabla de salvación. Sólo eso explica el desbordamiento por honrar a una secuestradora. ¿Francia, la de las ideas, se inclina ante una plagiaria? Distraer a la opinión mientras pasa el vendaval.
Un Tribunal Colegiado de Circuito había negado el amparo a Cassez por lo que debería haber permanecido en la cárcel a cumplir su condena. Los magistrados que habían tomado esa determinación son reconocidos por sus conocimientos jurídicos y probidad. Carlos Hugo Luna Ramos, Ricardo Ojeda Bohórquez y Manuel Bárcena Villanueva consideraron que era culpable. Hay que leer el expediente y confirmar la culpabilidad de Cassez, aun cuando las violaciones cometidas por los policías que la detuvieron hayan determinado a la postre su libertad. En Francia deben saber que Cassez estaba armada, sabía dónde estaban los secuestrados y éstos identificaron plenamente su voz, su acento, la tersura de su piel, su aroma, ¿francés?
La nueva resolución es definitiva, nada puede hacerse. Como la Suprema Corte no entró al tema de la culpabilidad, la opinión mexicana dictó su fallo. El pueblo no dicta sentencias jurídicas, pero sí hace juicios políticos. Desde la detención de Cassez 75% y un porcentaje mayor la ha considerado culpable. Después de su liberación 83% la considera culpable, mientras sólo 9% inocente.
El gobierno tuvo una buena reacción al aceptar el fallo de la Suprema Corte. Es lo que se espera en un Estado de derecho en que funciona la división de poderes. No obstante había una fórmula para mostrar que esta liberación, por válida y apegada a la nueva etapa de los derechos humanos, agravió mayoritariamente a la población.
El Presidente tuvo la opción de aplicar el segundo párrafo del artículo 33 constitucional y expulsar del país a la liberada. Mejor que haber facilitado su salida del país como penosamente ocurrió ante las cámaras. El mensaje hubiera sido: respeto a la decisión de la Suprema Corte, pero ejercicio de las facultades para expulsar a una persona, como Cassez, indeseable en el país. Sin embargo, la misma policía que violó sus derechos la llevó hasta la puerta del avión para que se acomodara en su asiento preferente.
Las medidas anunciadas por la Secretaría de Gobernación para establecer un nuevo protocolo en materia de detenciones son importantes porque muestran un ánimo constructivo que hace dos sexenios no veíamos. No obstante, se trata de una cartilla administrativa. Estos procedimientos deberían llevarse a la arena legislativa, convertirlos en ley. No hace falta solamente una cartilla de derechos humanos, sino obligaciones legales que conlleven responsabilidades oficiales y hasta penales en caso de incumplimiento.
Falta todavía la averiguación que la sociedad espera sobre la responsabilidad de los funcionarios de la extinta Secretaría de Seguridad Pública, señaladamente el secretario Genaro García Luna que en todo esto ha estado como la muñeca fea de Cri-Cri: escondido tras los rincones, temeroso de que alguien lo vea.
Se dice que Cassez prepara una película francesa (¿tal vez con Allan Dellon?) que exhiba a los salvajes mexicanos violar los derechos humanos de una ciudadana francesa, por cierto secuestradora, tanto por la sentencia anterior que dictó un Tribunal Colegiado, como por el juicio popular, algo así como el juicio de la historia.
