La pesadilla de Afganistán
Obama comienza su segundo periodo con la carga de un gasto militar, en el conflicto afgano, que supera ya 500 mmdd.
Han transcurrido ya 11 años y tres meses, casi cuatro, desde que Estados Unidos invadió Afganistán con el pretexto de vengar los atentados del 11 de septiembre de 2001 en su territorio, particularmente la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York. Aun cuando se ha comprobado que el gobierno de George W. Bush tuvo conocimiento previo de los planes de Al-Qaeda y decidió aprovecharlos para dar nuevo impulso a la estrategia de hegemonía global de Washington, con la complicidad y el apoyo de la OTAN y de la Unión Europea, el reelecto presidente Barack Obama insiste en la guerra que no puede ser ganada.
Las estadísticas en Afganistán nunca pueden considerarse plenamente actualizadas, porque forman parte de la maquinaria de propaganda occidental; pero los recuentos más confiables registran a casi cuatro mil soldados extranjeros muertos, entre ellos, más de dos mil 200 estadunidenses.
En contraste, más de 18 mil civiles afganos inocentes han sido asesinados y la situación del país, en cuanto a gobernabilidad democrática, respeto a los derechos humanos —en particular los de las mujeres— y estabilidad real, es desastrosa.
El gobierno títere de Hamid Karzai acepta incluso el fomento a la producción y el tráfico de drogas por parte de los señores de la guerra de la Alianza del Norte, cuyos campos de cultivo e instalaciones de procesamiento se encuentran generalmente cerca de las bases militares estadunidenses y de la OTAN.
Obama comienza su segundo periodo presidencial con la pesadísima carga de un gasto militar, sólo en el conflicto afgano, que supera ya 500 mil millones de dólares, dentro de un entorno económico que no es precisamente de bonanza y que ha desatado una protesta cada vez mayor de la sociedad civil estadunidense, convencida de que los miles de millones de dólares que se destinan a la guerra, deberían redirigirse a programas sociales de urgencia apremiante.
Una de las promesas de Obama cuando fue candidato por primera vez, garantizaba el fin de la guerra en Afganistán y la retirada de las tropas estadunidenses. En esto, como en otros puntos de importancia prioritaria, mintió y engañó. Al menos hasta el año próximo, 2014, las fuerzas de ocupación extranjeras ascenderán a 108 mil soldados, conforme a los planes conjuntos del Pentágono y el alto mando militar de la OTAN.
Si bien Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la alianza atlántica, reiteró en Kabul, a fines del año pasado, que sigue vigente el plazo del 31 de diciembre de 2014 para la retirada de las tropas extranjeras que integran la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia en Seguridad, eufemismo utilizado por la OTAN para denominar a sus tropas de agresión y ocupación, principalmente estadunidenses), Obama y sus halcones planean una presencia de al menos 25 mil soldados hasta 2024.
Dentro de este contexto, han llegado alrededor de ocho mil mercenarios de empresas contratistas de seguridad militar, particularmente Dyn Corp, paramilitares que se han hecho odiar por los afganos debido a su brutalidad y a la incesante secuela de abusos que cometen, entre los que destacan matanzas de civiles, violaciones de mujeres y detenciones arbitrarias.
La brutal ocupación extranjera y el servilismo de Karzai no han liberado a las mujeres afganas de la opresión religiosa y social, ni a las niñas y los niños de la pobreza y la mendicidad.
Obama y el Pentágono contemplan una semipermanente presencia de asesoría operativa en materia de seguridad, principalmente militar, sin límite de tiempo. Las tropas estadunidenses asignadas a territorio afgano suman de hecho el doble de las que había cuando Obama asumió la Presidencia por primera vez: unos 68 mil efectivos.
Vale la pena tener presente que Afganistán ha sido siempre hostil a los invasores extranjeros y, en definitiva, les ha hecho pagar cara su presencia. Un claro indicio de ello es el hecho de que han ido en aumento, durante los últimos meses, los incidentes en los que soldados, milicianos y policías afganos, matan a militares estadunidenses y de la OTAN.
