60 años de igualdad constitucional
Esta lucha sigue siendo en su mayoría una batalla de las mujeres por las mujeres, pues hemos sido nosotros quienes alzamos la voz.
El artículo 4º constitucional dice que tenemos derechos iguales a votar y ser votados, sin embargo todavía hay países que prohíben el “sufragio igual” y cotidianamente se critican y se juzgan sin pensar que tan sólo hace unas décadas nosotros éramos de esos países.
La desventaja en acceso a la educación, nuestra cultura y la división del trabajo entre otras variables, nos mantenía como menores de edad y dependiendo, en nuestras decisiones, de los hombres cercanos a nuestro círculo de vida. Sólo 60 años para cambiar la carga estructural y cultural que permita una relación de igualdad en todos los aspectos de vida, tanto doméstica como pública de hombres y mujeres, no es mucha, pero vale la pena reflexionar al respecto.
Desde los últimos gobiernos se ha depositado en las mujeres la confianza en que son ellas las que podrán beneficiarse de los recursos contra la pobreza en programas que tienden a reducir las grandes desigualdades en acceso a educación, salud y alimentación y hay indicadores que nos dicen que sus condiciones de vida han mejorado.
Por ejemplo, se ha reducido en 11% la mortalidad de madres. Créditos a la palabra para comenzar o mejorar un negocio se devuelven puntualmente en más de 95% de los casos. Leyes para evitar la violencia contra las mujeres en esas relaciones asimétricas y culturalmente sometedoras; instrumentos institucionales y legales para acompañar esta búsqueda de igualdad en los hechos, construidos en estos últimos años desde la lucha de las mujeres.
Aun con los avances, las desventajas son grandes, y quisiera hacer una anotación: esta lucha sigue siendo en su mayoría una batalla de las mujeres por las mujeres, pues hemos sido nosotras quienes alzamos la voz. Al movernos hacia espacios públicos, al cambiar nuestro rol en el seno familiar, al acceder a la educación en todos los niveles y compartir los espacios laborales, necesariamente cambia la posición de los hombres en nuestros pequeños sistemas de vida personal e institucional y, en muchos casos, tiene como consecuencia mayor violencia y resistencias y no miran las ventajas que nosotras compartimos en la convicción de la igualdad como mejoría para toda la sociedad y como trabajo común y compartido con los hombres.
Las mujeres hemos trabajado toda nuestra vida por los nuestros desde la casa y ahora desde los espacios públicos, pero es desgastante cada inicio de jornada tener que gritar que estamos, que existimos, que somos capaces de desempeñarnos en los espacios laborales y políticos y que hoy en día muchos hombres sigan diciendo “otra vez sus asuntos de mujeres”. Creo que esta posición es errónea y se creó en responsabilidad de ambos géneros. Es hora de integrar a los hombres en la dinámica de reflexión sobre esa igualdad; muchos de ellos ya luchan de igual manera que las mujeres por alcanzar el respeto, la tolerancia y la igualdad entre los seres humanos, tanto en los procesos eleccionarios y la distribución de espacios públicos como en la redistribución de tareas domésticas.
Como alguien escribió: la juridicidad no modifica de hecho las conductas y comportamientos sociales: implica a hombres y mujeres porque vivimos en sociedad y la dinámica es como de vasos comunicantes. Han de incluirse con nosotras en la transformación de las condiciones inequitativas en las que aún seguimos viviendo.
*Senadora de la República.
Partido Acción Nacional
