Barack reinaugurado
Imaginemos lo que debe ser estrenar por segunda ocasión el cargo público más importante del planeta: Presidente.
Atodo el mundo le gusta estrenar. Trátese de casa, zapatos, vestidos o coche nuevos. Estrenar tiene magia. Imaginemos lo que debe ser estrenar por segunda ocasión, como acaba de hacerlo Obama, el cargo público más importante del planeta. Así aconteció el domingo a las 12 del día en que la Constitución establece que termina un periodo presidencial e inicia otro. En Estados Unidos se lleva a cabo la formalidad en privado, lo que ocurrió el domingo, y en público, lo que sucedió ayer. El presidente de la Suprema Corte, John G. Roberts, al que por cierto Obama no quería ratificar cuando él fue senador (llegó a votar en su contra), le tomó el juramento en una ceremonia con una limitada audiencia en vivo, aunque transmitida por televisión. La juez asociada de la Suprema Corte, Sonia Sotomayor, ahora famosa, a pesar de su natural antipatía, por hispana (están de moda) y publicar recientemente su autobiografía, le tomó el juramento a Joseph Biden.
El juramento público de Obama se hizo ante dos biblias y 60 mil personas. Una Biblia que perteneció a Martin Luther King. La otra a Abraham Lincoln. Los dos personajes asesinados dramáticamente por razones políticas.
La toma de posesión de los presidentes en Estados Unidos es el acontecimiento político más importante del cuatrienio. Se ha convertido, además, en una gran fiesta (Super Bowl Político) que el público disfrutó, si les gusta Smokey Robinson, Stevie Wonder, Alicia Keys o el reparto de una serie de TV de moda: Glee. Fue ocasión también para hacer política, de manera que los grupos de homosexuales y lesbianas y los llamados latinos han convocado a asambleas, reuniones o simposios. Artistas como Eva Longoria, la guapa y famosa de las Mujeres Desesperadas, José Feliciano, Antonio Banderas, Chita Rivera, Rita Moreno y otros artistas participaron en el gran show. Para el público anglo que gusta de la música country, James Taylor cantó America The Beautiful, Kelly Clarkson interpretará My Country Tis of Thee y Beyoncé, una especie de Shakira estadunidense, cantó el Himno Nacional.
Dejando la trivialidad a un lado, las encuestas (The Wall Street Journal) arrojan datos paradójicos: 53% aprueba la gestión del primer periodo de Obama, mientras que 42% no lo aprueba, lo que supondría buenas cuentas de su gestión. Sin embargo, mientras sólo 35% considera que el Presidente va en la dirección correcta, un alto 57% estima que va hacia un rumbo equivocado. Lo anterior habla de la buena suerte de Obama y de lo imprevisible de los electores. Ganó la elección presidencial a pesar de estos números en contra.
Otra pregunta es el cambio de Obama en cuatro años. Entonces dijo que no tendría interés en perpetuar su imagen a un costo tan elevado (cientos de millones de dólares), como lo han hecho sus antecesores, con la construcción de grandes bibliotecas presidenciales. Existen 13 a la fecha. Son notables la de Johnson en la Universidad de Texas, Austin, la de Kennedy en la Universidad de Harvard, los Bush tienen cada quien la suya, George H. W. Bush (padre) en la Universidad de Texas A&M y George W. Bush en la Universidad Metodista del Sur (SMU) en Dallas. Hasta Jimmy Carter, tan mesurado y discreto, hizo su biblioteca y museo en Atlanta. Eso que pensó Obama hace cuatro años ha quedado en una charla informal, pues ya envió a quien revisa las posibilidades de que la suya se ubique en Chicago.
Los segundos periodos presidenciales obligan a llevar la carga de los errores cometidos o fallas del primer periodo. A Nixon lo persiguió el fantasma de Watergate. Reagan, no obstante su carisma, sufrió con Irangate, la venta de armas a Irán para financiar a los Contras en Nicaragua. Las relaciones extramaritales fueron más que un dolor de cabeza para Clinton y la invasión de Irak complicó la gestión de Bush. Obama no tiene fantasmas de esos tamaños: lo más notable fue el ataque a la embajada en Bengasi y la operación Rápido y Furioso. Nunca entendí por qué en Estados Unidos fue algo tan serio y entre nosotros irrelevante, cuando afectó nuestra soberanía tal intromisión en nuestros asuntos internos.
Obama tiene que resolver el déficit fiscal, concluir el debate sobre el control de armas, llegar a la reforma migratoria, alcanzar los cambios climáticos que exige el futuro del planeta y liberar la burocracia del sistema electoral. Entre estas cinco prioridades dos tienen que ver con México, país que merece una nueva etapa de mejor entendimiento y colaboración. Obama ya no tiene enfrente otra elección presidencial, sino la elección que hará la historia de su paso por ella misma.
