Venezuela: tan lejos de Estados Unidos, tan cerca de Cuba
La incapacidad para diversificarse ha generado que las condiciones del país, con o sin Chávez, sean más difíciles.
La enfermedad del presidente Hugo Chávez ha puesto de manifiesto una vez más la tragedia venezolana. Sin salida a la vista, Venezuela apostó todo su destino al petróleo. En ese afán está condenada a seguir de tumbo en tumbo.
La incapacidad para diversificarse ha generado que las condiciones del país, con o sin Chávez en un futuro, sean cada vez más difíciles.
La estrategia de convertirse en la cabeza económica de los parias latinoamericanos: Ecuador, Bolivia, Argentina y Nicaragua y de adherirse al castrismo como estrella polar de su política internacional, no puede sino ser más grave que la misma enfermedad del presidente Chávez, aparentemente desahuciado.
El conflicto constitucional por la ausencia de Chávez, convaleciente todavía en Cuba, se resolverá por la vía de la fuerza y de los hechos antes que por las normas y la convivencia jurídico-política. No habrá derecho ni habrá política, sólo la fuerza de quienes se hicieron del petróleo y con el petróleo gobiernan a un pueblo fanatizado por una extraña revolución que se defiende de las minorías. No me refiero a las minorías de venezolanos que viven en Miami que son socialmente igual o peores que los chavistas, me refiero al venezolano de la calle, al hombre común que quisiera ver que su país avanza por la vía de la democracia y la política, como lo hacen sus vecinos: Colombia, Brasil y hasta Panamá.
Este jueves estaría previsto que Chávez rindiera la protesta constitucional para el cuarto periodo que extendería su presidencia hasta 2019, cuando Enrique Peña Nieto haya dejado ya su encargo y los mexicanos hayamos elegido un nuevo Presidente.
Conforme a la Constitución venezolana son faltas absolutas del Presidente: su muerte, su renuncia, su destitución, su incapacidad física o mental, el abandono del cargo y la revocación del mandato (el llamado “Recall”, algo que hace falta en México).
Si alguno de estos supuestos ocurriera, en el supuesto de que Chávez no se presentara antes de tomar posesión como Presidente, se debe proceder a una nueva elección dentro de los 30 días siguientes. El Presidente de la Asamblea Nacional (Congreso), Diosdado Cabello, se hará cargo provisionalmente de la Presidencia de la República. La oposición sostiene que esto es lo que debe suceder a fin de que concluya el gobierno socialista. No obstante, los funcionarios chavistas han dado señales (The Wall Street Journal) de que solamente se habrá de posponer la toma de posesión.
La lógica es curiosa: “Si el comandante no está presente, nosotros seremos el comandante, nosotros seremos Chávez”, dice uno de los voceros del partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
El vicepresidente Nicolás Maduro, un carismático venezolano que se muestra simpático y afable, al que Chávez nombró para tal cargo y ha señalado como su sucesor, ha declarado que le correspondería sustituir a Chávez, mientras que Diosdado (así se llama) Cabello ha formado un frente unido, que se opone a cualquier interpretación que pretenda restarle poder al Presidente.
Esta unidad chavista ha tenido la ventaja de que ha aplacado las ansías de novillero de la democracia. Aunque nadie puede estar seguro de qué pasará si Chávez falta. Nadie sabe además cuál será la posición de Estados Unidos, de sobrevenir una crisis mayor, ni lo que pueda pasarle a los países subsidiados por Chávez, incluyendo el régimen castrista, si Chávez desaparece.
La pregunta es si habrá chavismo sin Hugo Chávez. Independientemente de la solución política, Venezuela tendrá que pagar el costo de haber apostado su futuro al petróleo.
Esa riqueza ha llevado al país a convertirse en un barril de pólvora. Sentados en el oro negro, los venezolanos viven los peores momentos de escasez y pobreza. Lo único barato es la gasolina. Desde la llegada de Chávez al poder, el ingreso petrolero es siete veces mayor, el presupuesto depende totalmente de los ingresos petroleros, el Estado ha crecido desmesuradamente y el número de funcionarios y empleados públicos se ha duplicado, mientras que las empresas privadas se han reducido a la mitad y la mitad de la fuerza de trabajo se encuentra en el sector informal de la economía. Dos terceras partes de los bienes de consumo llegan del exterior.
El petróleo acabó con la clase política, con la intelectualidad, con los artistas y con los creadores. Lo único rescatable es el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles, proyecto admirable, digno de emulación en el ámbito tercermundista. Chávez o no Chávez, Venezuela tendrá que darse cuenta de que el país es mucho más que un emirato y considerar que no todo en la vida es crudo que vender.
