Construir otro mundo
El militarismo y todas las formas de intervencionismo de la OTAN y de las grandes potencias existen en América Latina.
Lo vengo diciendo y escribiendo desde hace más de 16 años y es necesario repetirlo cuantas veces resulte necesario, hasta que se comprenda cabalmente: la frontera entre México y Estados Unidos es la frontera entre América Latina y la OTAN. Los latinoamericanos tenemos una larga historia de lucha contra el militarismo y las intervenciones imperialistas de Estados Unidos y otras potencias en nuestros países.
Ahora, las intervenciones tienen el sello de la OTAN. Necesitamos la solidaridad de todos los pueblos; les ofrecemos la nuestra. Otro mundo es posible, un mundo sin guerras, sin armas nucleares, sin violencia, sin injusticia, sin desigualdad, sin pobreza…
Otro mundo es posible, el mundo imaginado por Juárez y Lincoln, por Lázaro Cárdenas y Martin Luther King, con esperanza y fraternidad, con techo, ropa y alimentos suficientes para todos, con educación y progreso, con auténtica democracia, sin guerras, sin OTAN. Veremos sin duda un nuevo amanecer para nosotros, para nuestros hijos, para los hijos de nuestros hijos.
Paso a paso, desde la sociedad civil, construimos un movimiento internacional que busca la total retirada de las fuerzas estadunidenses de Afganistán; reubicar el dinero de los gastos militares hacia la satisfacción de las necesidades humanas; y ayudar a los activistas y a la sociedad a comprender la importancia de retirar de Europa las armas nucleares estadunidenses, como un paso hacia nuestro objetivo final: abolición de todas las armas nucleares, en todo el mundo.
También hemos avanzado en la consolidación del movimiento por la paz y la justicia a largo plazo. Lo hicimos en mayo de 2012, con la Contracumbre de Chicago; ensanchamos las grandes avenidas en la Conferencia Intercontinental de Buenos Aires, en diciembre. Debemos profundizar la comprensión que la gente tiene de lo que significa verdaderamente la OTAN, una alianza militar global agresiva cuyo objetivo es el control de los recursos naturales en todo el mundo.
Hemos denunciado sus vínculos con las agresiones bélicas y su impacto en nuestras comunidades, no sólo dentro del marco de una supuesta alianza atlántica, sino con un alcance cada vez más internacional, que comienza justo en la frontera de Estados Unidos con México. La OTAN ofrece además la plataforma para preparar la estrategia de Washington y el Pentágono en la región de Asia-Pacífico.
Como partícipe en las actividades desde la etapa de planeación, tanto en Chicago como en Buenos Aires, debo señalar que la organización ha sido un modelo de colaboración entre los movimientos por la paz y la justicia de muchos países y de dos continentes. Construimos relaciones de largo plazo, base fundamental de todo movimiento social con impacto presente y proyección de futuro.
Explicamos cómo las bases militares extranjeras de Estados Unidos y la OTAN ponen en peligro la paz y son una amenaza para la estabilidad, la democracia, los derechos humanos y los procesos de integración regional en América Latina. Se deben prohibir y eliminar de forma permanente, a través de un tratado latinoamericano que entraría en vigor en todo el continente y sería equivalente al Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, o Tratado de Tlatelolco.
También hemos señalado que Colombia ha sido deliberadamente mantenida en un statu quo no pacífico, mediante una estrategia similar a la aplicada en Afganistán. Además, ese país latinoamericano envía tropas a las operaciones militares de la OTAN, lo mismo que El Salvador; y Estados Unidos impulsa el militarismo en la región.
El militarismo y todas las formas de intervencionismo (en la política a través de las elecciones, en la economía, etc.), de la OTAN y de las grandes potencias, existen en América Latina y de una manera bastante similar, en África. Todos estos hechos muestran claramente un panorama que exige la acción permanente y efectiva de un movimiento global por la paz y por alternativas para una seguridad nueva y real, basada en las necesidades de los pueblos, como una respuesta constructiva de la sociedad civil.
