Iniciativa SUMA
Por el lado negativo, falta mucho camino por andar. Existen, en el mejor de los casos, rezagos y, en el peor, terribles injusticias y vejaciones.
Probablemente el mayor cambio en nuestro país en el siglo XX e inicios del siglo XXI es el que se ha dado en la manera en que las mexicanas están participando en la sociedad de nuestro país. México pasó de una sociedad predominantemente rural, con una población pequeña e ínfimos niveles de educación, a un país grande, con altos niveles de alfabetismo, predominantemente urbano. Como parte importante de este fenómeno, y tal vez en parte gracias a este fenómeno, la participación de la mujer en la fuerza laboral y en la vida política se incrementó de manera dramática.
Por el lado positivo, nuestra sociedad finalmente ha comenzado a reconocer a más de la mitad de sus integrantes. Hoy, como país, gozamos y aprovechamos el talento, empeño y energía de muchas más mujeres. Por el lado negativo, falta mucho camino por andar. Desde las más recónditas comunidades hasta las ciudades más cosmopolitas, existen, en el mejor de los casos, rezagos y, en el peor, terribles injusticias y vejaciones. Como todos sabemos, nuestra población masculina no está a salvo. Sin embargo, las mujeres sufren de un machismo subyacente —una falta de respeto, a veces sutil, pero prevalente en nuestra sociedad— que exacerba la problemática.
Según el INEGI, 23% de los hogares mexicanos son encabezados por mujeres. Pero entre quienes tenemos trabajo de campo, intuimos que la cifra es mucho más alta. En estos millones de casos, el daño es doble. Por un lado, el padre no participa, o participa poco, a favor del bienestar de sus propios hijos e hijas y, por el otro, los prejuicios sociales condenan a la madre sueldos menores que sus semejantes masculinos. Es una auténtica tragedia.
Por lo mismo es tan importante la labor de organizaciones como SUMA. Sobre todo en el ámbito de sus esfuerzos para capacitar, informar e impulsar, no nada más a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres, sino por esforzarse para que aquellas mexicanas que lleguen, lo hagan capacitadas y listas para desempeñar el mejor papel posible.
Finalmente, ése es el mayor triunfo. Que ya no sea cuestión de cuotas o de reivindicaciones históricas, sino que nuestra sociedad impulse la participación de nuestras mujeres y nuestros hombres por igual, acorde con la meritocracia que el país tanto necesita. Anhelo un México en el que los hombres estemos presionados para mejorar nuestro desempeño para alcanzar los logros de nuestras hermanas y así se establezca un círculo virtuoso de superación nacional.
Aproximadamente 37% de los integrantes de la Cámara de Diputados (y, obviamente, Diputadas) son ciudadanas del sexo femenino. Aun con este número, que no va acorde con la proporción de dicho género en la población en general, fue complicado para los principales partidos cumplir con la llamada “cuota de género”.
Tenemos que lograr abatir los prejuicios que tanto contribuyen a este déficit. Tanto por medio del ejemplo de éxito femenino, al igual que la socialización masculina, haremos innecesarias las cuotas y, así, habremos logrado nuestro cometido.
*Diputado federal
