¿Y la equidad de género?
Hace poco en Estados Unidos nació un particular movimiento llamado Red Shoe Movement Movimiento de los Zapatos Rojos que invita a todas las mujeres a usar zapatillas de tacón rojos para apoyar el crecimiento profesional que las mujeres han experimentado en los últimos ...
Hace poco en Estados Unidos nació un particular movimiento llamado Red Shoe Movement (Movimiento de los Zapatos Rojos) que invita a todas las mujeres a usar zapatillas de tacón rojos para apoyar el crecimiento profesional que las mujeres han experimentado en los últimos años.
¿En realidad necesitamos movimientos como éste para valorar lo que la mujer hace hoy en día? ¿Dónde queda entonces la equidad de género? Con estos hechos nos damos cuenta cómo la sociedad sigue poniendo etiquetas: “El sexo débil vs. el sexo fuerte”. ¿Cómo entender que no deberían existir esas etiquetas?
Las mujeres y los hombres debemos tener en cuenta que tan débil puede ser ella como él y que tan fuerte puede ser él como lo puede ser ella. Pero en lugar de hacer a un lado estas marcas o estereotipos, estamos sumergidos, en el caso de México, en la cultura donde ser mujer es una desventaja porque todavía somos testigos de injusticias: desde aquellas mujeres embarazadas que viajan de pie en los camiones, mientras los hombres fingen dormir; hasta aquellas que son encarceladas injustamente porque pretenden ejercer sus derechos, como la maternidad voluntaria, por ejemplo.
No hemos llegado al equilibrio de género, basta ver las estadísticas del INEGI: en 2011, 23.2% de las mujeres trabajaban por cuenta propia, 2.4% eran empleadoras y 9.3% no recibían remuneración por su trabajo; la proporción de hombres que trabajan en empresas y negocios (55%) es superior al de las mujeres (38.2%). ¿Dónde está entonces la equidad?
Si nos subimos al Metro, nos damos cuenta de que existe un vagón especial para mujeres, ¿por qué? Porque los hombres aún no aprenden a respetar a sus iguales, nosotras. La otra cara: nuestros derechos deben respetarse, sí, pero también debemos empezar a respetar a los demás. No podemos dejarle todo a los hombres y a quienes sí hacen su parte tacharles de “mandilones”. Las mujeres formamos parte de un todo y no se trata de una lucha de poder en la que el hombre y la mujer emprenden una carrera para ver quién es el que llega primero a la meta llamada “éxito”.
Se trata de llenar espacios a la par, de cosechar éxitos a la par y que todo esto sea infundido por un sólo propósito: el bien común y la igualdad; sin etiquetas y sin tener que subordinar a nadie. Las mujeres y los hombres tenemos que demostrar que este país puede coexistir en plena armonía.
Para lograr esto se necesita empezar desde casa, enseñar a los niños que no existen diferencias entre ambos sexos más allá de las físicas, que tanto mujeres como hombres podemos desempeñar las mismas funciones, sea cual sea el cargo.
México empieza a tomar en serio a sus mujeres, es cierto, pero existe un largo trecho por recorrer, uno que nos lleve a decir: “En este país las mujeres y los hombres tenemos las mismas oportunidades, somos equitativos y aceptamos nuestras diferencias”.
*Estudiante de la licenciatura en ciencias de la comunicación. UAEH
