El Checo Pérez y el mundo global

El automóvil ha tenido una particular importancia en la historia de México. Desde que se inventó la carreta sin caballo, México se sumó al movimiento mundial que revolucionó el transporte, después la economía y las comunicaciones. Más allá de las consideraciones ...

El automóvil ha tenido una particular importancia en la historia de México. Desde que se inventó la carreta sin caballo, México se sumó al movimiento mundial que revolucionó el transporte, después la economía y las comunicaciones. Más allá de las consideraciones económicas, su significación es también cultural, política y deportiva. No es extraño, por tanto, que el presidente Felipe Calderón haya decidido hacer una escala en su viaje de regreso a México desde España para presenciar la carrera de Fórmula 1 en la ciudad de Austin.

A la carrera asistió también Carlos Slim, patrocinador de coches de carrera, y decenas de miles de mexicanos convocados por el piloto Sergio Pérez (Checo) convertido en un fenómeno nacional de importancia mundial. Se habla ya de una “Checomanía” propiciada por miles de fanáticos mexicanos que vitorean al Checo, como si se tratara de la misma representación nacional, el lábaro patrio, atrás del volante.

El Presidente es un manifiesto aficionado al automovilismo. No perdió la oportunidad de atender una invitación para estar presente en la inauguración de la nueva pista que albergará al Gran Premio de Estados Unidos. Este país, el principal productor de vehículos en el mundo, no tenía hasta este domingo, desde 2007, un Gran Premio de Fórmula 1. La flamante pista de Austin, un prodigio de ingeniería, congregó a miles de mexicanos que fueron a las carreras a propiciar un ambiente más cercano al de un juego de futbol de la selección nacional, que al frío ir y venir de ruidosos bólidos de alta tecnología.

La presencia del Presidente, en probablemente su último viaje al extranjero, tiene un sentido político. El presidente admira al Checo Pérez, a quien designó como Embajador del Turismo en México. Checo hace con sus cambios de velocidad y destreza al manejar un gran aporte al país. Pero hay algo más que las aficiones lúdicas del Presidente. En el avatar de la administración que ya se va, quedará marcada la lucha contra el crimen y haber perdido la Presidencia. El PAN dejó malas cuentas en la percepción pública, pero buenas cuentas en la economía.

El sexenio de Calderón debió haber sido el de la consolidación de la industria automovilística. El sexenio del automóvil. Las cifras son elocuentes y las inversiones apuntalan desarrollo y sus consecuencias sobre el empleo, los salarios y finalmente el bienestar de la población. Una mala política de comunicación impidió que el pueblo se enterara de los logros alcanzados.

Durante la presidencia de Miguel Alemán, México lanzó al mundo la Carrera Panamericana, que posicionó a nuestro país en el mapamundi del turismo y las inversiones globales. Aficionado al automóvil, el presidente Alemán impulsó la carrera de la que todavía se habla. En su recuerdo, por sólo dar un ejemplo, uno de los autos deportivos más apreciados, el Porsche, bautizó su modelo emblemático como “Carrera” en alusión a la justa que salió rumbo a Ciudad Juárez procedente de Tuxtla Gutiérrez, durante cinco años consecutivos hasta su cancelación en 1954.

La Carrera Panamericana llegó a tener en el mundo fama similar a la Targa Florio, las 500 millas de Indianápolis o las 24 Horas de Le Mans. México llegó a estar en el mundo del automovilismo. Cuantos visitantes llegaron a nuestro país como turistas impulsados por las crónicas de las hazañas de Juan Manuel Fangio, Umberto Maglioli, Piero Taruffi, Hans Hermann, Alberto Ascari y tantas otras luminarias.

Antes del Checo Pérez los hermanos Ricardo y Pedro Rodríguez habían brillado en el mundo hasta que la fatalidad los alcanzó a los dos. Sus nombres son todavía escuchados en las historias del automovilismo global.

En Austin, los más de 100 mil espectadores que vieron a miles de mexicanos apoyar al Checo, no entienden cómo un país que vive tantas desgracias, celebra con tanto júbilo, mexicana alegría y algarabía las destrezas de un joven de 22 años, como el Checo Pérez, que los hizo olvidar por unas horas las tribulaciones del país. Cada vez que el coche del Checo pasaba por las tribunas los mexicanos se ponían de píe como si se tratara de una reverencia masiva al juvenil empuje de un nuevo líder mexicano.

Si México habrá de seguir la ruta de consolidar su industria automotriz y lo que significa para el desarrollo, será conveniente organizar un gran evento mundial del automovilismo que haga renacer aquella época dorada de las carreras panamericanas. Una buena señal de recuperación y salud política ante el mundo que tanta falta hace al país.

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