EPN y la brújula externa

En su reciente gira europea, el Presidente electo de México abordó, entre otros temas, el de las energías renovables.

El rescate de la política exterior mexicana es una de las tareas fundamentales para Enrique Peña Nieto. Durante los 12 años de gobiernos panistas, la carencia de brújula ha sido evidente, en lo interno y en lo externo. Dos presidentes que no supieron ejercer el poder, que titubearon y recularon cuando debían avanzar, o que avanzaron hacia el vacío cuando era preciso reflexionar. Y a fin de cuentas el primero, Vicente Fox, ni siquiera estaba interesado en gobernar.

El catálogo de las asignaturas pendientes que dejan Fox y Felipe Calderón es amplio y complicado, sobre todo porque el siglo XXI se inició bajo el signo de una globalización que lo abarca todo, incluso las amenazas y los peligros, entre ellos, junto al terrorismo fundamentalista, la también perversa intención hegemónica e imperial de Estados Unidos, que mantiene vigente y próspero el binomio industrial-militar.

Nada ni nadie está lejos ya; si Terencio afirmaba, hace más de dos mil años, que nada de lo humano nos puede ser ajeno; y Marshall McLuhan descubría, en la década de 1960, la existencia de la aldea global, no hay, en los tiempos que corren, distancias ni fronteras válidas, porque los horrores de Irak, de Afganistán, de Guantánamo, de Chechenia, de Libia, de Siria, de Palestina, son para los mexicanos tan inmediatos, en todos los sentidos, como la absurda guerra contra el narcotráfico.

Las líneas conductoras del devenir humano en estos primeros años del siglo y, por lo menos, hasta su primera mitad, están siendo definidas e impuestas por la realidad y por quienes tienen el poder para ello, entre los cuales, por supuesto, no se encuentra México, aunque podría ser, como lo fue durante décadas, un contrapeso ético importante.

Se ha querido desviar la atención de la prioridad más urgente de un nuevo concepto de seguridad humana: la retirada de las tropas y el desmantelamiento de las bases de Estados Unidos en el mundo y en particular en América Latina; para insistir en el combate al terrorismo y el papel de China, un país al que los estadunidenses temen como su más importante futuro rival —junto con Rusia— en el equilibrio geopolítico y geoestratégico de este siglo, que, a partir de 2020 o a más tardar 2050, podría llegar a una nueva multipolaridad en busca de equilibrio, según especialistas militares, académicos y de inteligencia de alto nivel, convocados para el análisis por la máxima autoridad militar de EU, la Junta de Jefes de Estado Mayor.

Frente a todo lo anterior, México parece no encontrar su lugar. Durante los últimos 12 años se han vuelto a experimentar cambios y nuevos intentos de definir un papel en el contexto de una acelerada y definitiva globalización, pero no se ha logrado. Lo peor de todo es que ni siquiera hubo claridad dentro del panismo empoderado, acerca de la naturaleza del entorno internacional.

La nueva realidad del mundo no es sólo compleja e inestable, sino propicia para malos entendidos y abusos entre las naciones. El gobierno de Barack Obama ha empleado la fuerza militar como mecanismo casi exclusivo de contención de las presuntas amenazas a la seguridad nacional estadunidense; y ha soslayado, lógicamente, el terrorismo de Estado característico de su propia estrategia geopolítica internacional. México se convirtió en parte inherente de la lógica de seguridad de Washington.

La firmeza y la diplomacia, adecuadamente combinadas, constituyen la mejor de las vías para replantear desde México una relación basada en el respeto mutuo, en la cual se eviten las confrontaciones, pero se dejen a salvo los principios y, sobre todo, la dignidad de cada una de las partes. He aquí una tarea que debe llevarse a cabo a conciencia, sobre las bases más sólidas, a partir del 1 de diciembre próximo.

En su reciente gira europea, Peña Nieto abordó un abanico de temas que fueron desde las energías renovables hasta la apertura controlada de Pemex a la inversión privada, pasando por la reforma educativa, la fiscal y la creación de una gendarmería nacional con asesoría francesa. Causó una excelente impresión. Ahora viene el trabajo.

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