La metamorfosis de la mujer mexicana
Cada vez que veo el espejo, es imposible sólo ver mi reflejo: miro a mi abuela, a mi madre, a mi hermana, a todas las mujeres que forman parte de mi familia, incluso aquellas con las que no tengo un vínculo directo. Sin embargo, tenemos algo en común: ser mujeres. En ...
Cada vez que veo el espejo, es imposible sólo ver mi reflejo: miro a mi abuela, a mi madre, a mi hermana, a todas las mujeres que forman parte de mi familia, incluso aquellas con las que no tengo un vínculo directo. Sin embargo, tenemos algo en común: ser mujeres.
En México, un país de cultura y arraigo machista, el desarrollo de la mujer en lo político, lo económico y lo social ha sido progresivo, constante, determinante. Pese a todos los obstáculos para transformar la realidad, la motivación ha sido y es constante para alcanzar la equidad.
¿Quién podría haberse imaginado algún día ver a una mujer profesionista? Aunque parezca increíble, hace unos 60 años la posibilidad de ser profesionistas era restringida, no así para los hombres, quienes obtenían títulos y nombramientos importantes, mientras las mujeres sólo podían aspirar a ser esposa, madre o ama de casa. Su máxima ilusión era contraer matrimonio, tener una familia numerosa y dedicarse al hogar. Estudiar y trabajar eran actividades innecesarias e impropias: ¿Para qué prepararse si tendrían quien las mantuviera?
Afortunadamente los tiempos han cambiado y la profesionalización de la mujer, así como su inserción en el campo laboral, son una realidad que vivimos millones de mujeres. Si bien los beneficios han sido muchos, entre los más importantes está la independencia económica; pareciera que todos los esfuerzos por llegar a ser reconocidas socialmente son nulos cuando aparece la discriminación por tener cuerpo de mujer.
Datos del INEGI y de Inmujeres reportan que 20.6% han sido víctimas de algún tipo de discriminación laboral. Trabajo mal remunerado, despido injustificado e incluso hostigamiento sexual son los aspectos más comunes de exclusión.
Mi preocupación sobre el tema es constante, no sólo por ser mujer sino porque cada día, cada hora, cientos, miles de mujeres a lo largo y ancho del país buscan oportunidades laborales para sacar adelante a su familia, muchas veces como apoyo de su cónyuge y otras tantas porque ellas son el sustento de su hogar y bajo estas condiciones tienen que aceptar empleos que no cumplen con sus expectativas, simplemente porque no tienen opción; tienen que aguantar malos tratos por temor a ser objeto de represalias o porque no se pueden dar el lujo de abandonar el trabajo sabiendo que no hay oportunidades de obtener algo mejor.
A mí no me tocó ver los inicios de la lucha por el respeto a la mujer pero estoy segura que mi generación aún disputa esta batalla para hacer real la igualdad de condiciones tanto laborales como sociales. Es justo y urgente hacer entender a la sociedad que nuestra realización no se cifra sólo en el privilegio de ser madre, sino también en la superación, tanto personal como profesional, en entender que no se pretende ser superior a los hombres, apelar a trabajar de manera conjunta para una sociedad que viva en respeto, tolerancia y armonía. En teoría somos iguales ante la ley y así debería ser en la dimensión humana.
*Estudiante de Ciencias de la comunicación. UAEH
