Obama vs. Romney, ¿quién ganará?
De un lado está Romney, un millonario gobernador, hijo de un millonario; del otro está Obama, producto del esfuerzo.
Hace algunos años un político mexicano fue designado embajador en Costa Rica. Buen político, pero diplomático en ciernes, hizo una declaración que motivó que su gestión durara solamente unas semanas. En aquel momento había elecciones. A la pregunta de algún periodista sobre lo que el enviado mexicano pensaba de los dos contendientes a la Presidencia, el flamante embajador dijo, más o menos, que lo único que hacía diferente a los candidatos ideológicamente era la hora en que iban a misa los domingos. El chascarrillo cayó tan mal en los círculos locales que a los pocos días el embajador estaba de regreso.
La uniformidad ideológica y política existió durante muchos años en Estados Unidos. No era tan fácil distinguir las plataformas de republicanos y demócratas. Nixon, republicano, fue considerado demasiado liberal por algunos conservadores, mientras Truman, presidente demócrata, demasiado conservador por los demócratas liberales.
No pasa lo mismo ahora en que la campaña presidencial se ha convertido en un debate ideológico sobre la conducción de la economía y particularmente sobre el papel del Estado (la participación del Estado) en la vida económica y social. Las posiciones de los dos contendientes están enfrentadas, lo que ha generado una división entre los electores. Este debate hará, en mi opinión, que Obama resulte vencedor por encontrarse en la mejor posición.
Romney, el millonario gobernador, hijo de también millonario gobernador, se enfrenta a Obama, producto del esfuerzo, tanto así que apenas dos años antes de asumir la Presidencia, pudo cubrir el crédito de varios lustros para pagar la educación universitaria de Michelle, su esposa y de él mismo.
Los dos candidatos tienen una visión diametralmente distinta de cómo abordar el manejo de la economía y la participación del Estado. Obama, leal a la idea de que no ganaba nada con culpar al gobierno de Bush del desastre económico que recibió en el momento más duro de la crisis en 2008, alude ahora a los errores republicanos fuera de tiempo. Romney, que ve las dificultades económicas del momento, culpa a Obama del desastre.
El hecho se acomoda a México. Todo indica que Calderón y Peña Nieto están en luna de miel.
¿Cuánto durará el romance? Es altamente probable que a la primera crisis el nuevo gobierno haga un deslinde para fijar la nueva política, particularmente en materia de seguridad, el hoyo negro de gobierno que se va.
Obama había declarado en algún momento que era partidario de la redistribución de la riqueza. Eso escandalizó a los republicanos. Una campaña contra Obama lo ha acusado a lo largo de su gestión de “socialista”. Redistribuir les parece cercano a decomisar. La idea de Obama como un moderno Robin Hood, quitando al rico para darle al pobre, aterroriza a muchos.
Romney ha cometido graves fallas. La última fue declarar que 47 por ciento de los estadunidenses no le interesan. “Mi tarea no es preocuparme por esa gente. Nunca los convenceré de que deben asumir sus responsabilidades y hacerse cargo de sus propias vidas.” Ese 47 por ciento, según Romney, recibe todo del gobierno y votarán irremediablemente por Obama. Al ver el efecto de su locuacidad, ha querido dar marcha atrás al señalar que lo que siempre sí le importa es el 100 por ciento de los estadunidenses. Demasiado tarde. Los demócratas han aprovechado el gazapo. Las encuestas muestran ya el efecto favorable a Obama.
Tres prioridades tendrá que atacar Obama: (1) La reforma del sistema capitalista. A pesar de toda la riqueza que se crea, no se ha encontrado la fórmula que permita una distribución justa y adecuada de la misma. La huelga de profesores en Chicago es una llamada de atención para atender problemas educativos acumulados. Los sindicatos deben reforzarse para hacer un contrapeso al poder de las empresas todopoderosas. La justicia social sigue siendo un desiderátum inevitable. (2) Resolver el grave problema del déficit fiscal. Es urgente una reforma fiscal, reducir los gastos del gobierno en defensa para apoyar el costo de la reforma sanitaria y reestructurar el seguro social para hacerlo progresivo, y (3) Enfrentar el calentamiento global, así parezca ciencia ficción. Nuevas tecnologías, reducción de gasolinas y energía verde parecen indispensables no solamente para los estadunidenses, sino para el mundo entero.
Romney se opone a todo esto sin tener una idea clara de lo que pretende.
Lo único que plantea es que Obama se vaya, el gobierno se encoja y con eso él salvará al país. Obama, mientras tanto, espera que no se presente una sorpresa económica que reduzca la ventaja que le lleva a su contendiente. Como en cualquier parte del mundo, Estados Unidos enfrenta un problema general: la desesperación de los pobres contra la indiferencia de los ricos. En diciembre tendremos el resultado de la confrontación.
