Mujeres y participación política

Mucho se ha hablado sobre los derechos políticos de las mujeres. La historia de la lucha por la obtención del voto ha sido ampliamente estudiada por muchas historiadoras y feministas, y claro, cómo no, si el siglo XX fue el escenario de la lucha de las sufragistas; del ...

Mucho se ha hablado sobre los derechos políticos de las mujeres. La historia de la lucha por la obtención del voto ha sido ampliamente estudiada por muchas historiadoras y feministas, y claro, cómo no, si el siglo XX fue el escenario de la lucha de las sufragistas; del despertar de las mujeres en los años 70; de la institucionalización del feminismo a finales de la década de los 80 y durante todos los años noventa. Mucha energía depositada en la lucha por la equidad social y política, pero, ¿podemos decir que actualmente la mujer participa en la política? ¿Es actora en la toma de decisiones de los altos niveles de gobierno? Yo diría que, en un plano teórico y legal, sí, sin embargo, me parece que en la práctica todavía hay mucho, pero mucho por hacer.

México es un país que entró recientemente a las filas de la democracia; esta es frágil y se encuentra aún en lenta construcción. Uno de los aspectos que la hacen tan frágil es precisamente la poca representatividad que tienen las mujeres en los puestos de toma de decisiones en las instancias de gobierno a nivel municipal, estatal y federal. Y, aunque en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), aparecen reglamentadas las cuotas de género —mediante las cuales se establece que para el registro ante el IFE de candidaturas de diputados y senadores, no podrán ser más de 70% los candidatos propietarios de un mismo género—, en la práctica las mujeres siguen sin acceder 100% a estas candidaturas.

Además de que la presencia equitativa de las mujeres en los puestos de poder político y de toma de decisiones dota de legitimidad a cualquier democracia, significa la posibilidad de implementar políticas públicas básicas que contribuyan a garantizar el respeto de los derechos de las mujeres y de todos aquellos que sufren situaciones de opresión, injusticia y desigualdad.

Las cuotas de género son útiles, y mucho, pero creo que lo que se debe fomentar, enseñar y promover, entre todas aquellas mujeres que llegan a puestos de toma de decisiones es una forma diferente de hacer política. ¿De qué sirve entonces posicionar a las mujeres en estos puestos, si al momento de ejercer el poder reproducen los mismos esquemas masculinos de dominio? Tendríamos —las mujeres— que actuar distinto, tomar decisiones diferentes, proponer políticas públicas alternativas y, claro, todo esto en un continuo diálogo con otras mujeres y desde luego con los hombres.

El ejercicio del poder femenino debe salir de los hogares, de las cocinas, del proceso de crianza de los hijos, de las relaciones afectivas, para entrar al ámbito público, al mundo de la política y de la administración del país, porque, aunque se asocia este poder doméstico con la pasividad, la afectividad, la cotidianidad y la individualidad, también se debe afirmar que en este espacio privado las mujeres son administradoras —de tiempo, dinero y justicia—, saben organizar sus quehaceres dentro y fuera del hogar, son protectoras pero también son autoridad; las mujeres cuentan con una experiencia que debe ser incluida en las esferas públicas donde se toman las decisiones que guían al país.

*Pasante de la

licenciatura en historia,

Facultad de Filosofía

y Letras, UNAM

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