A 11 años del 11/S

Washington y Bruselas ocultan información, manipulan, mienten. Osama bin Laden fue un instrumento de EU.

Ayer, 11 de septiembre, se cumplieron 11 años del ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono, detonador de la llamada guerra contra el terrorismo internacional. El 7 de octubre siguiente dio principio la invasión de Afganistán, que resultó en una guerra imposible de ganar, la cual involucra a Estados Unidos y a la OTAN y ha cobrado decenas de miles de vidas de civiles inocentes y militares afganos y extranjeros.

Unas horas antes de que comenzara la invasión llegué a Kabul. Ahí estuve durante varias semanas. Estos son algunos testimonios que recabé entonces y conservan su vigencia más de una década después.

Aun cuando la estructura gubernamental de los talibanes fue desarticulada, la mayor parte de sus cuadros dirigentes y de sus combatientes se encuentra en libertad, se reagrupa clandestinamente en Afganistán y en naciones vecinas —sobre todo Pakistán— con el apoyo de Al-Qaeda; y el terrorismo sigue representando un peligro inminente para Asia Central y el resto del mundo. Es un terrorismo de Estado, dosificado desde Washington.

Zamiluo Katra, viceministro del Interior afgano y comandante en jefe de las Tropas Guardafronteras; Fazel Karim Aimok, alcalde de Kabul; el coronel Hadja Abdul Rauf, comandante de los Guardafronteras en el sector de Port Sherjan, provincia de Kunduz, en la frontera con Tayikistán, y Abdul Jalil Shams, uno de los jefes de la resistencia civil clandestina durante el régimen talibán, compartieron sus puntos de vista.

Katra asegura: “Los líderes terroristas siguen vivos. Al-Qaeda mantiene su actividad y puede golpear en cualquier lugar del mundo. Nuestro principal problema, así como el del resto del mundo, es la lucha contra el terrorismo”. Si bien una buena parte de los mujaidines o combatientes de la guerra santa, tanto afganos como de otras nacionalidades —uzbekos, chechenos, saudiárabes, sudaneses, uigures chinos, de Emiratos Árabes, del Oriente Medio—está en el vecino Pakistán, otros permanecen dentro de Afganistán.

Los altos mandos de los talibanes se ocultan en las montañas del sur de Afganistán o en Pakistán, subraya el ex líder de la resistencia civil, Shams, quien considera que con el dinero que tiene Al-Qaeda en los bancos europeos, rearma a los talibanes para que puedan lanzar nuevos ataques en Asia Central.

“No podemos identificar los sitios concretos donde se ocultan”, reconoce el viceministro del Interior, Ketra, “pero tenemos evidencias de que hay grupos activos en diversas regiones... Lo peor para el mundo es que la geografía internacional del terrorismo es muy amplia: aquí contamos con pruebas vivientes, los prisioneros de nacionalidades como las que le mencioné anteriormente”.

Shams se refiere también a la presencia de combatientes internacionales en las filas de Al-Qaeda, al lado de los talibanes: “Vinieron de Sudán, de Chechenia, de Arabia Saudita, del Punjab y de Pakistán, incluso de países del Oriente Medio”. El alcalde Aimok confirma la presencia de esa legión extranjera islámica.

En Port Sherjan, frente al río Pyanch, que marca la frontera con Tayikistán, el coronel Rauf, de las Tropas Guardafronteras, cuenta que sus hombres han tenido encuentros con esos grupos terroristas que se mueven en la clandestinidad.

Subraya un problema estrechamente vinculado con el anterior: tanto los Guardafronteras afganos como sus colegas rusos y tayikos al otro lado del río, sostienen verdaderas batallas con las organizaciones de narcotraficantes, aliadas y fuente de financiamiento de los terroristas.

Los barones de la droga apuntan a Asia Central, a Europa, incluso al continente americano; y surge así la paradoja de que en Port Sherjan, una remota población fronteriza afgana, se encuentra la primera trinchera de la lucha contra el narcotráfico que afecta a otros continentes; y un puesto de avanzada en el combate al terrorismo internacional.

Entonces, como ahora, Washington y Bruselas ocultan información, manipulan, mienten. Osama bin Laden fue instrumento de Estados Unidos, como ahora los mujaidines que combaten en Siria contra el gobierno de Bashar al-Assad.

Temas: